Hope you like it!
- ¿De verdad que vais a
estar bien sin mí? Si hace falta...
- ¿Qué? ¿Cancelas el
concierto? No seas incompetente, Ari.
- Deja de aprenderte
palabras para humillarme que te quito las citas con Svenson.
- Y dale, que no voy a
Svenson.
- Así estás.
La megafonía avisa por
tercera y última vez de que el tren saldrá en cinco minutos y los pasajeros
deberían aproximarse a su vagón correspondiente antes de perder el viaje. Son
las once y veinticinco de un ventoso día de diciembre de 2018 y en la estación
central de Londres una pareja se despide por más de dos días que estarán sin
verse: el matrimonio Jones.
Ariel va cargada con una
bolsa de deportes en la que porta ropa suficiente para tres días porque resulta
ser una de las pocas mujeres que, a la hora de hacer la maleta, no lleva más
que lo imprescindible. En esas ocasiones es Danny el que suele llevar ropa de
más, como si la parte femenina fuera él. Aunque el viaje es de negocios y la
ropa que necesitará será algo más vistosa que la que lleva, no se siente a
gusto si no trae consigo unas simples deportivas y un vaquero; ya tendrá
ocasión de arreglarse para subirse al escenario, que es lo que hará ese fin de
semana, porque el viaje es de negocios y esos negocios se refieren a la faceta
musical de su vida. El tren va a llevarla cuatro horas hacia el norte de
Inglaterra y la dejará en su pueblo natal, Aberdeen, al que se dirigirá para
dar un par de conciertos contratados por el ayuntamiento como reclamo
publicitario de las tempranas fiestas de Navidad que la tienen a ella como
cabeza de cartel.
Pero para desplazarse hasta
su pueblo tiene que abandonar Londres, a su marido y lo que más le duele, a su
hijo de diez meses.
Cuando Danny aceptó que iba
a ser padre (lo cual fue cuando la tripa de su mujer era tan visible como
irreversible y no dejaba lugar a elecciones), decidió que ya no quería llamar
Dylan a su hijo. El crío estaba ya por su octavo mes de gestación y todo el
mundo se había hecho a la idea de que se llamaría Dylan, e incluso algún que
otro babero ya iba nombrado de tal manera, pero se le ocurrió una buena noche
que, ya que el niño era suyo, qué mejor honor a sí mismo que el retoño se
llamara Danny. Ego no le faltaba para llamar a su hijo como a sí mismo, pero
incluso a la madre le pareció una buena idea porque Daniel era su nombre
favorito y tenia la esperanza de que su primer hijo se pareciera lo máximo
posible a su padre (por razones obvias como las pecas, los increíbles ojos
azules, el pelirrojo natural o la soberana voz que traería en sus genes).
Así que el crío se llamó
Danny.
Huelga decir que fue
precioso. Al principio no, obviamente. Era feo hasta decir basta: estaba
arrugado, no hacía más que llorar y cuando ya tenía hasta tres días de vida aún
no había abierto los ojos y no hacía más que comer y dormir.
- Se nota que es hijo tuyo
– le había dicho Tom al cuarto día.
Huelga también decir que
Danny lloró como si el niño pequeño fuera él cuando vio a su primer hijo en
brazos de su mujer. Y a su llanto le siguió el de su madre y el de su hermana
hasta que toda la familia Jones era un mar de lágrimas. Si bien esa familia era
conocida por su jovialidad y el entusiasmo que desprendían, el hecho de que ese
mocoso de apenas cincuenta centímetros con más pelusa que pelo en la cabeza
fuera el primer niño Jones era una buena oportunidad para llorar de alegría.
Ahora, con la Navidad
apoderándose de la ciudad, Danny sostiene a su hijo de casi once meses en su
brazo izquierdo mientras intenta convencer a su mujer de que no se le ocurra
cancelar su asistencia a los conciertos sólo por quedarse con el niño.
- Vamos a estar bien,
haremos cosas de chicos, verdad, ¿campeón? Pero deja de meterte las llaves en
la boca.
Como buen niño pequeño, Danny
tiene la manía de llevarse a la boca todo lo que encuentra, en esta ocasión,
las llaves del coche de su padre. Danny Padre se las quita de la mano,
completamente babeadas y las sacude al aire con un gesto de asco para
finalmente guardárselas en el bolsillo de la chaqueta.
Ariel contempla la escena y
empieza a arrepentirse de haber vuelto tan pronto al trabajo al tiempo que hace
un puchero. Desde que la comunicaron que iba a traer un niño al mundo había
dejado de lado su carrera para centrarse en él, pero seis meses después del
nacimiento de Danny Jr se había reincorporado a la carretera, a grabar el CD
que les debía a sus propias fans. Durante esos seis primeros meses, era ella la
que pasaba más tiempo con el pequeño porque, por otro lado, los compromisos
laborales de Danny seguían su curso y no quería que su marido empezara a
agobiarse y quitarle tiempo a su propio grupo por el hecho de tener un niño.
Tom y Harry llevaban algo más de dos años siendo unos padres ejemplares y aún
así no descuidaban al grupo y Ariel sabía que acostumbrando a Danny a que nada
tenía que cambiar excesivamente por el hecho de haber ampliado la familia, no
le entrarían agobios tontos y todo iría sobre ruedas.
Y bueno, los seis primeros
meses le había salido bastante bien la estrategia, pero ahora que se ha
reincorporado a la música está por comprobar si la situación seguirá igual.
Porque como dice la
canción, the road ain’t no place to start
a family.
- Si es que es tan
pequeño...- trata de coger al niño de los brazos de su marido pero éste se lo
impide, dando un paso atrás.
- Si le coges va a querer
irse contigo y me va a costar un triunfo que deje de llorar.
- Vale- se queja,
acomodándose la bolsa a la espalda.- Pues me voy, que me vas a hacer perder el
tren.
Danny se ríe y niega con la
cabeza. A veces se le olvida porqué accedió a casarse con ella.
Ariel se despide de su hijo
llenándole las rechonchas mejillas de sonoros y cariñosos besos que hacen al
niño reír a carcajadas y le peina a dedo los rebeldes rizos cobrizos que le
caen por la frente, mirándole con tanta ternura que la gente a su alrededor se
detiene a mirarles. Se parece tanto, pero tanto, tanto, tanto a su padre cuando
era pequeño que es imposible no querer comértelo a besos.
Después suspira, no muy
convencida de irse, y pasea sus ojos de los azules de su hijo al idéntico azul
de su marido. Le sonríe, le acaricia la nuca y deposita un par de cortos pero
pasionales besos en sus labios.
- Si pasa algo me llamas
enseguida, ¿de acuerdo?- le pide.- Y eso incluye el momento en que Tom se ponga
histérico cuando vea que no me llevo al niño.
- Seguro que lo entiende,
deja de preocuparte.
- Joder, cualquiera diría
que quieres que me vaya.
- Es que quiero que te
vayas – bromea. Se acerca a su mujer, vuelve a besarla en los labios
abrazándola por la cintura y la empuja suavemente hacia la dársena.- Te quiero.
- Yo más. Adiós, cariño.
El cariño es para el niño,
y cuando Danny ve la estrecha figura de su mujer desaparecer al otro lado del
cristal, mira a su hijo a los ojos (y también él le peina con la mano) pensando
que el nuevo amor de la vida de su mujer es ese renacuajo baboso y que le
quiere más que a él.
Suspira, balancea al niño
sobre sus brazos (que ya ha encontrado algo que llevarse a la boca, las cadenas
que cuelgan del cuello de su padre) y sale de la estación.
- Vamos a buscar un helado
ahora que tu madre no puede oponerse- le dice.
Danny Jr patalea y golpea
con sus zapatitos el vientre de su padre: su manera de decir que está de
acuerdo.
* * *
Son las siete de la tarde
cuando el timbre vuelve a retumbar contra toda la casa. Danny Jr levanta la
mirada de sus cajones de construcción y clava sus enormes ojos en los verdes de
su tío Dougie.
La situación es la
siguiente: papá Jones está terminando de afinar la guitarra acústica Takemine
sentado en el sofá mientras que, tirados encima de la alfombra, su hijo y uno
de sus mejores amigos juegan a hacer construcciones con esos típicos juguetes
que encajan unos en otros y que por regla general son verdes, amarillos y
rojos, como si no existieran más colores. Dougie usa el rojo y Danny Jr el
verde y, juntos, tratan de recrear el castillo de Disney aunque parezca más
bien una casa en ruinas a punto de ser derruida. Pero lo importante es que
aunque Danny tenga diez mesecitos, el más infantil es su tío.
- Ese es tito Tom, vamos a
abrir- le dice Dougie al crío, dejando las piezas a un lado y poniéndose en
pie. Se recoloca la ropa y le tiende las manos a Danny, que al ponerse de pie
pierde el equilibrio y se cae de culo. Y se echa a reír.
El niño cierra sus manos en
torno a los pulgares de Dougie y éste le alza por los aires cual peso pluma y
camina hasta el recibidor haciendo volar a su sobrino, al cual le encanta ver
el mundo desde el 1.70 de su tío. Cuando alcanza la puerta deja de mantear al
niño y se lo apoya en la cadera, sujetándolo con una mano por el pañal como su
fuera un cántaro y viniera de la fuente.
- ¿Eso que huelo es pizza?-
dice a modo de saludo. Tom levanta un par de cajas que porta en ambas manos y
asiente con una enorme sonrisa en los labios.
- Como en los viejos
tiempos- le tiende las cajas a Dougie para subirse las gafas por el puente de
su puntiaguda nariz y luego mira a su sobrino.- ¿Y tú qué haces aquí? ¿Te ha
enseñado ya tu padre a tocar la guitarra? ¿Vas a tocar con nosotros?
El niño tiene diez meses y
todavía ni siquiera balbucea, pero cuando tito Fletcher comienza a hacerle
monerías y se quita las gafas para que no se las arranque de la cara, vuelve a
echarse a reír, con esa risa tan aguda que ha heredado de su padre y Tom sólo
puede pensar una cosa: si Danny ya tenía carisma, ese niño, cuando crezca, va a
ser un completo peligro porque es el superlativo de adorable.
Danny cambia de manos y Tom
lo recoge, clavándole el dedo en las costillas para hacerle cosquillas y baila
con él hasta llegar al salón.
- Le decía a tu hijo que si
le has enseñado ya a tocar la guitarra –le repite al Danny adulto. Bueno, al
Danny padre. Eso de adulto...
- ¿Y qué te ha contestado?
- Nada, es un niño, no
habla- replica el otro sin pillar la broma.- Deberías empezar con el ukelele,
que se adapta más a sus formas.
- Y Emma debería tocar la
pandereta y ya tiene frita a Izzy con la batería de su padre- contradice, lo
cuál es verdad. La hija de Harry no llega a los tres años y ya hace ruido con
el instrumento de su padre.- Hablando de Harry, ¿cuándo viene?
- Cuando tú le dijeras.
- ¿Yo? Si le tenías que
llamar tú.
- De eso nada – niega
Fletcher, acomodándose en un sillón y dejando su guitarra a un lado mientras el
crío vuelve a sus juguetes.- Te dije la semana pasada: avisa a Harry de que el
finde que viene quedamos para componer.
- Os va a matar –tercia Dougie.- Olvidaros
de él. Menudo crimen.
- Bueno, pues le llamo
ahora y que venga- propone Danny, sacando el teléfono.
- Se va a enfadar igual, es
capricornio.
- ¿Y eso que tiene que ver?
- Tú hazme caso.
Danny llama a Harry, que
tarda cinco tonos en cogerlo sólo porque en la pantalla de su IPhone ve que se
trata de él.
- ¡Haz, amigo!
- ¿Qué quieres? –son quince
años juntos, se tienen calados unos a otros.
- ¿Por qué no te pasas por
mi casa un rato? Ya sabes, pizza, cervezas, música... Como antes, tío.
- ¿Como cuando teníamos
diecisiete años?
- ¡Exacto!
- ¿Con treinta y dos?
- ¡Exac...! – y advierte la
ironía.- Joder, qué más dará.. Nunca se es viejo para hacer buena música, mira
a los Rolling.
- ¿Has dicho que había
pizza, no?
- Exacto.
- Entonces voy.
Y le cuelga.
- ¿Ves? No se ha enfadado.
- Básicamente porque le has
ocultado la verdad- chincha Dougie.- Ya verás cuando se entere de que planeamos
esto la semana pasada.
- Deja de tocar los huevos
anda, sigue con las casitas.
- Deberías estar haciéndolo
tú, que para algo eres el padre. Luego este niño crecerá sin figura paterna, se
dará a las drogas y se follará a una tía distinta cada noche...
- ... como su padre- se
mete Tom.
- ... y cogerá sífilis y
gonorrea y miles de enfermedades más que existan en ese futuro incierto, y recurrirá
a tito Dougie a que le saque las castañas del fuego porque, seamos sinceros,
soy el tío más genial de todos los que tiene.
- ¡Oye! ¿Cómo que cómo su
padre? ¿Cuándo me he dado yo a las drogas? – se ríe. Lo de las tías no lo
niega.
- Por cierto, ¿cuándo se va
Ariel?- inquiere el mayor de los dos rubios en ese momento.
- Esta mañana.
- ¿Se va esta mañana? Eso
es gramaticalmente incorrecto.
- Que se ha ido esta
mañana, la he llevado yo mismo a la estación.
La vena comienza a
hincharse.
- Dan, la vena- le advierte
Dougie. Incluso el niño se da cuenta de la tensión de la que se ha apoderado el
salón y tuerce su cuellecito hacia su tío, abriendo los ojos como platos. – La
vena, Dan, a cubierto.
- Me estás
diciendo...-comienza Tom.
- ... se sigue hinchando...
- ... que tu mujer se ha
ido...
-¡Dios, va a reventar!
- ...tres días a
Aberdeen...
- Explota.
- ¡Y se ha dejado aquí al
niño el único fin de semana de todo el maldito año que podemos quedar para
componer!
Ha explotado. Danny Jr
sigue boquiabierto con dos piezas de construcción, una en cada mano, mirando a
su tío como si tuviera al increíble Hulk delante, y poco le falta. Sólo
volverse verde. Todo lo demás ya lo tiene.
- ¿Qué tengo que responder?
– le cuchichea Danny a Dougie buscando ayuda.
- Nada, porque te va a
matar de todas maneras...
- Sí, se ha ido sin el
niño- termina por confirmar. – No querrás que se lo lleve si va a estar más
tiempo actuando y dando entrevistas que...
- Danny, dijimos un fin de
semana sin niños y sin mujeres- repite. – Tenía que habértelo hecho firmar.
- ¿Y qué quieres que haga?
¿Me le como?
- ¡COMO SATURNO, QUE BUENO!
- Dougie, estoy hablando en
serio.
Lo está. La vena sigue ahí
y él no bromea.
El séptimo CD aún no ha
llegado al mercado. Diez meses de retraso. Cuando Ariel se quedó en estado, el
tiempo del que Danny disponía para terminar de arreglar las pistas se redujo
casi al máximo porque había miles de cosas que organizar, toneladas de cosas
que preparar, y decenas de visitas al médico que realizar. Ante ese panorama,
los cuatro decidieron retrasar la salida del disco unos cuantos meses, pero
nunca pensaron que fueran a ser tantos.
Para cuando volvieron a
sentarse a escuchar las canciones ya que nuevos arreglos y añadidos habían
aparecido en la mente del todopoderoso Tom, tanto él como Dougie llegaron a la
conclusión de que algunas canciones ya no funcionaban. No sabía explicarlo pero
ya no sentía que fueran lo que las fans esperaban; a sus oídos, ya no eran tan
dignas, sino que se habían convertido en esas canciones de Serie B que
terminarían por perderse en las profundidades de Youtube y que no recibirían
más de un par de miles de visitas al año. Y si algo temía Fletcher era
convertirse en un compositor mediocre.
Así que descartaron casi la
mitad de las canciones, reestructuraron las fechas y fijaron nuevos plazos para
la salida de un CD que, de nuevo, estaba sin escribir.
Y ese fin de semana, ese
fin de semana muerto durante la primera semana de diciembre, había sido el
escogido para sacar adelante el séptimo CD. Confiaban en ellos mismos y en su
capacidad de escribir al menos cinco o seis canciones en dos días. No eran unas
pretensiones desorbitadas: en aquella habitación en la tercera planta del hotel
Intercontinental habían llegado a producir muchas más en ese mismo espacio
temporal.
Pero por aquel entonces no
tenían hijos. Y ahí es donde radica la diferencia.
- Vamos, Tom, el niño se
duerme a las ocho y media y hasta mañana a las nueve no se despierta. Tenemos
toda una noche para hacer magia- le dice Danny sonriendo, su típica alegría
siendo incapaz de ver la gravedad que Tom ve.
- ¿Y vas a darle el
desayuno y la comida y le vas a bañar y le vas a llevar al parque sin haber
dormido ni una hora?
- Bueno... eh...
- Que yo también soy padre-
le recuerda.- Y adoro a tu hijo pero sé lo que desgasta un crío.
- Bueno, ¿entonces que
hacemos? –tercia Dougie, el único que aún no tiene niños.- ¿Nos comemos a Danny
Jr como Saturno, aplazamos el finde de composición o nos jodemos y seguimos
adelante?
La primera opción no hace
falta decir que está descartadísima, aunque el niño sea tan adorablemente
precioso que dan ganas de comérselo. La segunda tampoco es factible porque
durante la semana ninguno tiene tiempo para desatender las tareas familiares y
encerrarse a re-escribir un álbum y Dios sabe cuándo encontrarán un nuevo fin
de semana libre en el que poder componer. Así que la única posible es la
tercera. La que Tom menos deseaba: para componer con niños de por medio podrían
haberlo hecho en su casa, o en la de Harry, y en cualquier momento. El
resultado iba a ser el mismo.
- Tendremos que seguir-
musita disconforme.
- Tío, tampoco lo digas así
– se queja Jones, cogiendo a su hijo en brazos al que por cierto, ya le toca
cenar.- Tú lo has dicho, eres padre, tendrías que entenderlo.
- Si lo entiendo.
- Pero te la suda. Como
Danny todavía no sabe ni decir papá y mucho menos coger una puta guitarra,
estorba. Pero claro, que Albus ya es capaz de tocar el cumpleaños feliz con el
xilófono y es un puto genio, discúlpame.
La boca de Tom se abre
paulatinamente las palabras van saliendo de la de Danny. Eso no se lo esperaba.
- ¿Cómo que Albus toca el
cumpleaños feliz con el xilófono? ¿POR QUÉ NO HE ESCUCHADO YO ESO?
Dougie ahoga una risa pero
ahora el que resulta estar enfadado es Jones.
- A lo mejor si te
despegaras un poco del piano te enterarías de algo.
- Uh, pelea... – musita,
recogiendo los juguetes como si fuera el niño responsable de la casa. Y justo
en ese momento suena el timbre.- Ya voy yo. Al final parece que vivo aquí y
todo.
- ¿Cómo que si me despegara
del piano? Si estás intentando decirme que no me involucro con mi hijo...
- Lo has dicho tú.
- ¡Dejar un CD a medias
durante un puto año no es ser mejor padre!- le grita, ya de pie. – Y mejor me
callo, que no hemos discutido en quince años y no quiero hacerlo ahora.
- Sí, escurre el bulto.
- A ti lo que te jode es
que yo soy capaz de seguir escribiendo el musical y cuidar al mismo tiempo de
mi hijo y tú no eres capaz de hacer dos cosas a la vez. Eso es lo que te jode.
- Vete a la mierda.
Judd aparece en el salón al
tiempo que la vena de Tom se sigue hinchando. Acaba de mandarle a la mierda. Y
no es un “vete a la mierda” como cuando tenían diecisiete años y significaba
“esa chica me había mirado primero a mí, vete a la mierda por levantarme el
ligue”. No. Significa “vete a la mierda y quédate allí un rato”. Eso son
palabras mayores.
Y por si fuera poco,
Pitoniso Dougie ha adivinado el futuro y Harry entra al salón hecho un miura.
- ¿Se puede saber por qué
cojones me entero el último de que hemos quedado para terminar de escribir el
álbum? – inquiere. Ni siquiera se ha quitado el abrigo, señal de que
probablemente no se quede mucho tiempo. – O sea, una puta semana, y me avisáis
hoy. Cojonudo, eh.
- Culpa de este- señala
Tom, apuntando con el índice a Danny.- Que se le olvidó llamarte.
- Ah, genial. Claro, cómo
sólo soy el jodido batería.
- Un jodido idiota, es lo
que eres- le espeta también a Judd. Así, de gratis, Danny Jr está aprendiendo más
palabrotas que con una película de Chuck Norris. – Yo no soy Tom Soy-Jodidamente-Listo-Y-Perfecto
Fletcher y se me olvidan las cosas, ¿vale? – el gesto indignado de Tom al
escuchar cómo le ha denominado no tiene precio.-Y si os importa, este niño
tiene que cenar.
- Trae, se lo doy yo-
sugiere Dougie, tendiendo los brazos. En realidad lo único que quiere es
alejarse de la pelea porque le ponen dolor de cabeza.
- ¿Entonces para qué
mierdas me llamas?- pregunta Harry. Por algo no se ha quitado el abrigo.- Si no
vamos a componer, me largo.
- Pues lárgate. ¡A la mierda!-
estalla Tom.- Que le den por culo al CD, ya se escribirá sólo.
- Tom, no te pases- y
cuando es Dougie el que se pone serio es porque las cosas van muy pero que muy
mal.
- ¡¿Qué no me pase?! Le vas
a explicar tú a las fans el retraso. Que aquí el único que da la cara por el
grupo soy yo y luego las culpas siempre me vienen a mí, ¿te enteras?
- Eh, tampoco hace falta
que le grites- sale Harry en defensa de Dougie, como ha hecho toda la vida.
- ¡¿Quién está gritando?!
Si a vosotros no os importa el CD, a mí tampoco- agarra la guitarra, alejándose
del sofá, y se la cuelga a la espalda.- Pero que sepáis que un álbum, un BUEN
álbum, no se escribe solo. Y que tener hijos no es excusa para volverse un
jodido incompetente.
Danny le mira porque
resulta que conoce el significado de esa palabra porque él mismo se la ha dicho
a su mujer esa misma mañana. Incompetente, inepto, incapaz.
Dos segundos de silencio se
apoderan del salón, un silencio dramático y mucho más corto de lo que en
realidad parece, y Tom da media vuelta para abandonar la casa pero, en lugar de
dirigirse hacia la entrada, va hasta la cocina, donde Dougie ha dejado las
pizzas, y al volver al salón anuncia:
- ¡Y me llevo las pizzas
que las he pagado yo!
Y desaparece como una
exhalación.
Lo malo que tiene que
personas como Tom se enfaden, es que parece que el mundo es un lugar peor. Y
si, directamente esa persona es el mismísimo Tom, el mundo ya deja de tener
sentido, porque él es una de las personas más tolerantes, comprensivas,
reflexivas y respetuosas que existen, y oírle decir todo eso, verle perder los
nervios y salir de casa dando portazos a diestro y siniestro tras haber llamado
“jodido incompetente” a su mejor amigo, es impactante y noqueante. Tanto que,
cuando han pasado incluso dos minutos, todavía nadie se atreve a moverse.
- Vale, ¿qué ha pasado? –
pregunta Judd, que ha llegado el último y no se esperaba eso.- Que si se te ha
olvidado avisarme me jode, pero vamos, ya te conocemos.
- No ha sido por ti- le
explica Danny, aún con el niño en brazos, que le sigue tirando de la oreja
porque se muere de hambre.- Es culpa mía. Ariel se ha ido esta mañana a
Aberdeen y he tenido que quedarme con el niño. Debería haberlo dejado con Vicky
este fin de semana.
- ¿Y por qué no lo has
hecho?- vuelve a preguntar Harry como si algo fuera obvio.
- Joder, porque es mi hijo – recalcando el mí - y quiero
criarlo yo. Y si no le canto al acostarlo, no se duerme y no deja de llorar en
toda la puta noche y luego el que no duerme soy yo, ¿vale? Y ahora si te sale
de los huevos te enfadas, me llamas incompetente y te piras como ha hecho Tom.
Harry pasa directamente al
tercer paso. Coge la puerta y se larga de allí tal y como ha llegado, hecho un
miura, con las manos en las caderas y el abrigo puesto.
- ¿Y tú qué?- le espeta
también a Dougie, que permanecía apartado en una esquinita para que la bronca
no le salpicase a él.
- Yo no digo nada...
- Ya, si tú nunca dices
nada.
- Sólo digo que Tom tiene
razón- recoge su abrigo ya que él no tiene guitarra que llevarse y se lo pone.-
Un CD no se escribe sólo, y luego es él el que da siempre explicaciones.
- Y yo soy el puto
irresponsable que no sabe hacer nada, lo pillo.
- Tú eres el productor y ni
podemos ni queremos escribir el CD sin ti. Y o lo escribimos todos juntos y
dejamos a las fans tiradas por los suelos de lo cojonudo que va a ser, o para
componer una mierda mejor lo dejamos.
- ¿Cómo que lo dejamos?
¿Qué estás diciendo?
- Que te estresas y no
piensas, coño. Y que hay que sacar el grupo adelante, con hijos, sin hijos,
calvos, impotentes o en Pekín, pero McFly no se va a ir a la mierda.
Le clava el dedo índice en
el pecho silabeando las palabras para ver si así le cala en ese cerebro de
corcho que tiene.
- Doug, McFly es mi vida.
- Y la de todos. Así que
será tarea de todos sacarlo adelante, no sólo de Tom- sentencia, removiendo
conciencias.- Y haz el favor de dar a ese niño de cenar que va a terminar por
comérsete todos los colgantes. Y vale que sea el propietario de Saint Kidd,
pero no te voy a regalar más.
Danny mira a su hijo, que
le devuelve la mirada babeando el colgante de la marca de ropa de Dougie y
Danny Senior chista recuperando la cadena.
- Hablamos mañana- se
despide Dougie, golpeándole el hombro con cariño. – Y llama a Tom en cuanto se
te pase el enfado.
- Pareces mi mujer.
- Más quisieras- se ríe. Se
acerca al crío y le despeina los rizos después de besarle con cariño en la
mejilla.
- Gracias.
- Hasta mañana, marica.
- Adiós, cariño- y le
regala un juguetón cachete en el trasero.
- ¡Que no me des en el culo
que me lo bajas y vivo de esto!
- ¿A cuánto el completo,
rubia?
- Por favor, con tu hijo
delante. ¿No te da vergüenza?
Danny Senior se echa a reír
como un descosido y le da un beso a Dougie en la mejilla a modo de despedida
antes de que éste desaparezca de su casa. Los amigos no se besan en las
mejillas pero ellos sí, ya lo tienen asumido. Y esas últimas palabras durante
su conversación evidencian que McFly, que el vínculo aún sigue vivo. Que una
pequeña pelea no va a terminar con quince años de música, amistad, confidencias
y cariño. Han pasado por situaciones peores que el hecho de haberse convertido
en padres y las han superado todos juntos como el grupo etéreo, unido y
familiar que son. Sabe que esto también lo sacarán adelante.
- Deja de llenármelo todo
de babas, hijo, por Dios – suspira, escuchando el teléfono móvil sonar a lo
lejos (y seguramente sea Ariel para comprobar que la vena de Tom no haya
explotado y salpicado su salón) y lo busca con la mirada. -¿Sí?
- Soy yo.
- ¿Quién es yo?
- La puta de la esquina, no
te jode.
- Hombre, Samantha, cuánto
tiempo.
- ¡¿Qué Samantha?!
- Que es broma, tonta. ¿Qué
tal las entrevistas?
- Te voy a cortar el pito
cuando te vea, Jones.
- No te voy a poder dar más
hijos si lo haces – camina con Danny hasta la cocina, aguantándose la risa y
oye a su mujer reír al otro lado.
- Bien, de momento bien.
¿Qué tal Tom? No le oigo quejarse.
- Ah, bien. No te
preocupes.
- Dan, ¿qué ocurre?
- Hemos tenido una pequeña
pelea y al final hemos aplazado el finde de escritura, pero no te preocup...
- ¿Cómo que una pelea? ¿Tom
y tú? No me fastidies, no os habéis peleado en quince años. ¿Qué ha pasado?
Y la conversación que iba a
ser un “hola, qué tal, yo bien, qué tal el niño, buenas noches” termina
convirtiéndose en una crónica de la disputa que ha acontecido en el salón.
Cuando termina de contárselo, Ariel no habla.
- Que está todo bien, de
verdad. Mañana hablaré con él y lo solucionaremos y ya nos las apañaremos para
buscar otro fin de semana.
- ¿Seguro?
- ¿Quieres dejar de
sentirte culpable?
- Es que no puedo, te dije
que me llevaba al niño para dejaros espacio y...
- Ya da igual, deja de
darle vueltas. Tu carrera es tan importante como la mía y el hijo es de los
dos, punto. Y hablando del niño, te cuelgo que me has pillado dándole la cena.
- Nos vemos el lunes- se
despide ella. – Habla con Tom y arreglad las cosas, ¿de acuerdo?
- Sí, mamá.
- Te quiero.
Le cuelga el teléfono a su
esposa tras responderle que él también y vuelve a mirar a su hijo a los ojos.
Vuelve a suspirar y abre el frigorífico buscando un potito tratando de creerse
sus palabras, que todo se arreglará al día siguiente y podrán volver a escribir
otro día. Que esa pequeña, tonta y aislada pelea no creará ninguna grieta en el
armazón de cristal de McFly porque vale una sola grieta para que todo se venga
abajo como si de un castillo de naipes se tratara.
Y ahora más que nunca es
cuando deben demostrar si su relación es lo suficientemente profunda e
importante como para superar todas las adversidades que resquebrajen su
armadura.
Voy a capi por mes, pero a ver si en esta ocasión tardo menos. Y digo lo mismo de siempre, pero el tema real de esta historia está a punto de saberse, seguro que ya os habéis hecho una idea... JEJEJE. Nos leemos... ¿pronto? ¡Feliz finde!