miércoles, 9 de octubre de 2013

4- Sobre cómo Bob Marley fue invitado de honor en la “boda” de Dougie Poynter.

La última maleta toca el suelo del hotel un 21 de noviembre de 2017. El último personaje acaba de llegar y lo primero que hace es tirarse de boca a la cama de su habitación con ganas de apagar la luz y dormir durante días. Pero no puede. Porque se casa.

Dougie ni siquiera avisó a sus fans de que se casaba, porque prácticamente no era una boda. Era... una ceremonia, sí, y consistía en unir dos personas para el resto de sus vidas, sí, pero él se empeñaba en no llamarlo boda, y Lara estaba de acuerdo, así que no había nada que temer. Pero la realidad era que sí que se casaba. Por uno de esos ritos raros y excéntricos que les gustan a los famosos, pero se casaba.
No es que Dougie fuera muy dado a codearse con la creme de la creme ni se le hubieran pegado sus aires de grandeza, pero si algo tenía claro, a parte de que Harry era un gay reprimido, era que si algún día llegara a casarse, no sería una boda normal. Y lo iba a cumplir.

La boda de Tom hacía cinco años había sido tan espectacular que todas las bodas que tuvieran lugar después serían feas, destartaladas y poca cosa, y eso lo sabía Dougie muy bien. Así que, si la mejor boda de la historia ya había sido hecha, ¿por qué no hacer la peor?

Ese fue el pensamiento que le alentó para llevarse a todos sus amigos y familiares a una playa perdida de Perú en pleno noviembre. Él era más de Indonesia y la zona asiática, pero tenía entendido que por esa época el clima no acompañaba si la ceremonia se celebraría al aire libre, que era su petición.

- Dougie, no puedes celebrar la boda en Perú- le advirtió Tom cuando se lo dijo.
- Punto uno: no es una boda- le dijo.- Punto dos: ¿por qué no? Es mi boda.
- ¿Pues porque está al otro lado del mundo, a lo mejor?
- Serás rata. ¿Qué te cuesta pagarte un billete de avión?
- Si no es por el billete, es que... que no. ¿En Perú? ¿En serio?
- Perú es muy bonito- saltó el rubio pequeño.
- ¡Pero si no has estado nunca!
- Pues con más motivo, así mato dos pájaros de un tiro. Me caso y hago turismo. Bueno, no, que no es una boda. Aggg, me has entendido.

Y así, por mucho que Tom trató de disuadirle que llevarse a más de treinta personas al otro lado del mundo de boda no era buena idea, él siguió con su plan.

La boda está programada para el 23 de noviembre, y es día 21 cuando Dougie y Lara arriban a la isla, dos días después del resto de invitados. Prácticamente han invadido el hotel, y eso que los invitados han sido seleccionados con extremo cuidado, bajo el rasero de “el que quiera venir, se paga él el vuelo”, lo que ha ayudado a que no tuviera que invitar a la fuerza o por compromiso a muchas personas que no quería.

Se quita la gorra de guiri que le cubre el pelo rubio y abre un ojo, la cara pegada a la colcha de la cama, y mira a su novia, que sigue portando ese colgante de pene de su cuello.

- Me muero de calor-se queja, hablando con la boca torcida.- ¿Me das un masaje en los pies?
- ¿Me le das tú a mí en la espalda?- responde ella tirándose a su lado en la cama y Dougie cubre su cintura con uno de sus brazos, pegando saltitos para acercarse a ella.
- ¿Dónde has dejado los condones?
- En Londres- bromea ella.- Aquí se usan tripas de cerdo.
- ¿Qué dices? ¡Qué asco!

Se incorpora y se sienta sobre ella, con cada una de sus raquíticas piernas a cada lado de su cintura, como si la chica fuera él. Se agacha a darle un beso porque Dougie no se anda con rodeos (y básicamente ahora le apetece hacerlo), y cuando está metiendo sus manos bajo la camiseta de su casi casi mujer, la puerta se abre sin haber pedido permiso y Harry aparece por ella, con chanclas, pantalones cortos, y la nariz quemada.

- ¡DONNERS!- le saluda. Cierra la puerta a su espalda y se tira a la cama, como si no hubiera interrumpido nada.- Hola, Lara.
- Hola, Harry- le saluda ella, rascándose la nariz como diciendo “¿te vas?”, pero ya se lo dice Dougie.
- ¿Te importa? Me iba a tirar a mi novia.
- ¿Vestido?- Harry se ríe y le hace cosquillas.- Tienes cada cosa... Además, ya que están los novios aquí, deberíais hacer una recepción a todos los invitados o algo así, ¿no?
- Que te pires- le silabea entre dientes, y Harry se ríe como un loco sordo.
- Anda vamos, estamos todos abajo.

Le coge de una de las manos, sacándosela prácticamente de la ropa de Lara, y tira de ella con esa fuera Judd hasta que le pone en pie. No le da ni la oportunidad de darse una ducha y poder relajarse un poco, sencillamente se quita el gorro de paja que lleva sobre su cabeza y lo encasqueta en la rubia. Aguardan a que Lara se ponga en pie y los siga y salen los tres del dormitorio, aunque lo cierto es que los novios parecen Dougie y Harry en lugar de Lara y el pollito.

Llegan a uno de los salones del hotel donde les esperan todos los invitados, que poco más y se podrían contar con los dedos de las manos y los pies. La madre y hermana de Dougie, los padres y hermanos de Lara y un par de amigos y compañeros de trabajo. Todo aplauden la llegada de los novios y Dougie hace un gesto vago con la mano porque odia el exceso de atención.
Han tenido el tino de llegar a la hora de la comida, por lo que se sienta en una mesa con los chicos y sus parejas, y esperan a que les sirvan algo de comida autóctona.

- Vaya, Donners, si has llegado sano y salvo- se carcajea Danny. No las tenían todas consigo de que fuera a llegar entero a Perú...
- Yo por lo menos no dejo plantada a mi novia en el altar- contraataca.
- Normal, pero si no hay ni altar. ¿Qué tipo de boda es esta? ¡Las cosas o se hacen bien o no se hacen!- exclama Jones como si fuera un vejestorio.
- Encima nos haces vestirnos a todos de blanco- se queja esta vez Harry.- Con lo mal que me queda a mí el blanco.
- A ti nada te queda bien- le pica Tom.
- Tú ten cuidado, que nuestras habitaciones están pegadas, no te vayas a despertar calvo mañana- Dougie se ríe por la amenaza de Harry porque Tom es el único que conserva una buena melena de los cuatro.
- ¿Dónde habéis dejado a Emma?- le pregunta a Izzy comenzando a comer.
- En Londres, con sus abuelos. Es un viaje muy largo para una niña tan pequeña.
- No es tan pequeña, tiene casi dos años- repone Harry, como si no estuvieran de acuerdo en eso de no haberse traído a la niña.- Y le habría encantado venir a la playa.
- Haz, tú lo has dicho, tiene casi dos años. Se va a hartar de ir a la playa.
- Sí, pero su tío no se casa todos los días.
- Que no me caso...
- Pero si no se va a acordar de nada, es enana- Harry se enfurruña con su mujer y sigue comiendo, ignorándola, pero Tom se ríe, atrayendo todas las miradas.
- Eres un padre hipocondríaco. Nosotros hemos dejado a Albus...
- Albert- le corrige Gio. La disputa sigue en pie, él quería Albus, como el gran Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, pero Giovanna no se lo permitió, alegando “le van a pegar en el colegio, Tom”, y optaron por ponerle un nombre parecido, aunque él siga refiriéndose a su propio hijo como Albus.
- Albert... con sus abuelos y no pasa nada.
- Ah, ¿me estás diciendo que eres mejor padre que yo?- a Dougie se le cae el tenedor cuando oye a Harry decir eso, y Danny mira a los dos mayores del grupo con los ojos como platos.

Desde que Emma y Albus, digo Albert, nacieron, hace veinte meses la primera, y algo menos de un año y medio el segundo, sus vidas han cambiado un poquito. Ya no tienen que preocuparse sólo por sus vidas, su trabajo, su dinero, sus vacaciones y su independencia, ahora el centro de sus vidas se ha desplazado a unas personitas diminutas que se hacen caca a todas horas, lloran sin motivo y decoran los fondos de pantalla de sus teléfonos móviles con sus encías desdentadas. Pero nunca han discutido sobre si uno es mejor padre que otro.

Tom mira a los demás comensales, buscando apoyo y esboza su mejor cara de buena persona, la que tiene.

- Yo no he dicho eso...
- No, pero lo piensas- vuelve Harry a la carga.
- Bueno, Doug, ¿qué rito decías que era la boda?- interviene una embarazadísima Ariel, desviando la atención, pero Harry levanta un brazo para acallarla y ella lo hace. Harry siempre le ha impuesto demasiado.
- ¿Lo piensas, verdad? Que no sé educar a mi hija.
- Pues sí- estalla Tom, y el ambiente se puede cortar con un cuchillo.- ¿Qué es eso de bailar como en SCD delante de la niña? Luego te saldrá gogó y te preguntarás qué has hecho mal.
- Ah, perdona, es mucho mejor ponerse una bata de jedi y que el pobre Albus...
- Albert- repite Gio.
- ... crezca pensando que su padre es el hombre del saco- ahoga una risita y Tom otra, y la tensión se rompe.
- ¿PERO SOIS GILIPOLLAS? – grita un Danny que se lo había creído.- ¡Mis sobrinos van a crecer rodeados de locos!
- El primero tú- Harry coge su tenedor de nuevo y vuelve a comer, sonriéndole a Tom por su pequeña broma.- Estoy por no dejarte ver más a Emma.
- Eh, no me puedes separar de mi sobrina.
- Vamos que si puedo. Me la devuelves hecha una fan de Springsteen.
- ¿Y qué tiene eso de malo? – pregunta Danny a la defensiva.
- Que yo soy de los Beatles, y como me salga la niña cantante en vez de batería, te denuncio.
- Peor es lo de Dougie, no te jode.
- A mi no me metas, yo soy un tío muy educativo.
- Por los cojones- Dougie mira a Danny y le manda callar con la mirada, pero Jones le ignora y apoya un codo en la misa mirando a Harry e Izzy.- ¿Sabéis que el otro día le enseñó una frase nueva?
- Awn, ¿sí?- pregunta una ingenua Izzy.
- Sí. “Come cebolla, para que te crezca la polla”. Súper educativo eh.
- ¡DOUGLAS!- vocifera Harry, aunque el resto de la mesa esté partiéndose el pecho de la risa.
- ¡Es educativa! Imagínate que te sale cocinera, así no se le olvidan los ingred...
- ¡DOUGIE!
- ¡Vale!

Se mete el tenedor en la boca cargado de comida así la mantiene entretenida y le pega una patada a Jones por debajo de la mesa, que le alza una ceja como diciéndole “te jodes”, en una de sus provocaciones de toda la vida.

Cuando terminan de comer, cada invitado sube a sus habitaciones o sale a la playa Máncora. El hotel está a pie de playa y será ahí donde se lleve a cabo la boda, aunque a Dougie no le guste llamarlo boda y, tal y como ha dicho Harry, todos tienen que ir de blanco, como si estuvieran en Ibiza.

Los dos días pasan rápidamente. Los invierten en hacer turismo por el país, perderse por sus calles, y ponerse rojos como gambas, tanto que saldrán en todas las fotos como si hubieran sido realizadas con un filtro de color escarlata.
El día 23 llega casi sin que Dougie pueda darse cuenta. Para él esos días han sido unas vacaciones en un lugar exótico y ahora le toca enfrentar la realidad, y la realidad es que, quiera o no, está a punto de casarse. No por la Iglesia, y no de un modo oficial y reglamentario, pero se casa al fin y al cabo, y algo empieza a hormiguearle en el estómago cuando, la madrugada del 23, sale de su dormitorio y baja a la piscina del hotel a fumarse un cigarrillo una vez Lara está profundamente dormida.

De camino, y como si fuera una señal, se encuentra con Tom.

- ¿Dónde vas? ¿O de dónde vienes?- le pregunta al cruzarse con él por el pasillo.
- A por una infusión.
- ¿Una infusión? ¿Qué eres, una tía?
- Que no puedo dormir, ¿vale?- moja la bolsita en la taza que sostienen sus manos y sopla para que salga el vaho a medida que una de sus prominentes cejas se va alzando dedicándole a Dougie una mirada inquisitiva.- ¿Y tú? ¿No estarás huyendo, verdad?
- Claro que no...
- Mejor, porque si fuera así, yo sería la última persona que te hubiera visto, y me sentiría en la responsabilidad de detenerte e impedir que abandones a Lara mañana y le hagas pasar el bochorno más grande de su vida en la otra punta del mundo. Pero si dices que no estás huyendo, yo te creo.
- Guay.
- Aunque claro, son las dos y media de la mañana y mañana te casas, es altamente sospechoso encontrarme contigo en medio de un pasillo a oscuras, ¿no crees?
- ¿Te tomas la tila o me la puedo tomar yo?- le pregunta entre exasperado por su verborrea y los nervios que le están entrando.
- ¿Qué te pasa?
- Necesito un cigarrillo.

Y salen a que el pequeño se tome un cigarrillo. Le explica que está nervioso pero que no se arrepiente de lo que va a hacer mañana, ni de querer pasar su vida con Lara porque sabe que es la persona más genial, especial y única que va a conocer nunca, y Tom asiente y escucha. Y Dougie le dice que Lara le ayudó muchísimo cuando peor lo estaba pasando con la rehabilitación, y que gracias a ella creyó de nuevo en el amor, y que con sus excentricidades ayudó a hacer su día a día un poco más bello. Y Tom asiente y empieza a pensar que esa conversación no tiene razón de ser.

- Dougs, si lo tienes todo claro... ¿qué cojones hacemos aquí?
- Has dicho un taco, luego si Albus los repite, no he sido yo- alza las manos al aire como un crío chico y suspira.- Es este sitio...
- ¿Qué le pasa al sitio?
- Perú...- murmura, arrugando el hocico.- Está a tomar por culo del mundo. ¿Por qué no hicisteis de buenos amigos conmigo y me advertisteis de casarme aquí?

Y Tom suspira, aferrándose a la taza para no romperla o peor, encajársela en esa cabeza rubia que tiene y que parece que no usa. Porque la verdad es que él le advirtió, que Perú estaba muy lejos, que no lo conocía, que era una locura casarse en ese lugar, pero sabe que si ahora le dice “te lo dije”, sólo va a conseguir que se colapse, y no es algo recomendable, así que decide no ser por primera vez en su vida el Tom reprochador, y sí el Tom comprensivo. Pasa uno de sus brazos por los hombros de Dougwash y le acerca a él.

- Tú no te preocupes porque esté muy lejos- le consuela, mirando al horizonte, sus dos cabezas rubias pegadas la una contra la otra.- Cuando tengas hijos podrás presumir de la boda más estrambótica, inusual y divertida de todas nuestras bodas.
- ¿Tú crees?
- ¡Claro! ¿Yo qué le voy a contar a Albus? Que fue en una iglesia normal y ya está...
- No, que si crees que tendré hijos algún día.

Tom le mira, por haber ignorado su preciado y útil consejo, y ve en sus ojos verdes al mismo Dougie de quince años que tocó repetidamente las mismas 8 notas de “Billy Jean” de Michael Jackson en la audición para McFly, y sonríe. No sabe si Dougie tendrá hijos, más que nada porque no le cree capaz de educarlos, pero Dougie ha demostrado estar muy a la altura en cosas que no se esperaban de él, así que, ¿por qué no a eso de tener hijos?

- Seguramente- le sonríe, golpeándole el hombro.- Pero será porque se te rompa un condón o lo hagas con Lara en donde no debas. Viniendo de ti...

Dougie sonríe, sintiendo esa tranquilidad y seguridad que Tom siempre ha sabido aportarle, y asiente con la cabeza, tratando de tranquilizarse a sí mismo. ¿A qué tiene miedo? No es un matrimonio usual, y lo sabe, así que no hay nada que temer.
Apaga el cigarrillo contra el adoquín del escalón, y ambos dos se ponen en pie para dirigirse a sus dormitorios. Mañana hay una boda que llevar a cabo.

*    *    *

Los invitados admiran la decoración. Pasean sus ojos por las enredaderas que meticulosamente adornan el arco de madera clara que hay situado en el centro del “lugar”, porque no se le puede llamar iglesia. Dougie no quería una boda típica, y desde luego no va a tenerla. Es algo espiritual, muy Lara. Todo el mundo va vestido de blanco, con flores en el pelo (menos Danny, que pelo... pues poco) y vistiendo grandes sonrisas, por esa teoría vitalista que dice que, cuanto más sonrías, más se reducen las preocupaciones.
El lugar escogido es la playa de Máncora de Perú. Literalmente, la playa. Los asientos están dispuestos en sentido opuesto al sol para no dejarse los ojos por culpa de la luz, y aprovechar la situación geográfica para un buen reportaje fotográfico. Una alfombra blanca se extiende entre las dos hileras de sillas, apenas resaltando contra la clara arena, y en su extremo, el arco que Dougie ha bautizado como “el arco del triunfo”, alegando que si le pone otro nombre, el matrimonio fracasará, aunque no sea un matrimonio y no tenga razón de ser lo que ha dicho.
No hay órgano, ni piano ni banda de música o coro rociero, tan sólo un hombre de color, con el escaso pelo que le queda decorado con canosas rastas, el cuerpo plagado de tatuajes de hojas de marihuana y mensajes de paz, y unos bongos entre las piernas. Parece una mala imitación de Bob Marley.

- ¿Falta mucho para que empiece?- le pregunta un achicharrado Danny a Tom que, con su Iphone, no deja de tomar fotos a los efectos que el sol hace sobre la playa y las flores del arco del triunfo.
- Ya estamos, eres peor que un niño pequeño. Ni Albus...
- Albert...- Gio nunca perderá la esperanza de que su marido llame bien a su hijo.
- ... me da tanto la brasa.
- Si es que me estoy quemando, coño. ¡Y luego me pelo como las serpientes!
- Te he dicho que te dieras crema- interviene Ariel, abanicándose con la mano que no reposa sobre su prominente tripa de mujer embarazada de casi seis meses. – Pero como no me escuchas...
- No sé ni cómo aguantas con ese barrigón- le dice su marido, hincándole un dedo en la barriga con cariño.
- ¿Qué remedio me queda?- ironiza ella, mirándole con odio.- “Tranquila que yo controlo”. “No hacen falta condones”. “Confía en mí”. Tienes incontinencia eyaculatoria.
- ¿Pero eso existe?
- Ahora sí. ¡Mira el resultado!
- Pero si estás preciosa- besa su mejilla con sonoridad, y le roba a Harry su abanico blanco, derrochando cada uno de ellos masculinidad por los cuatro costados.

El falso Bob Marley comienza a hacer sonar los bongos a un ritmo que nadie conoce pero que al menos suena a reggae ya que entra en escena el novio. Tratándose de Dougie, sería difícil que no estuviera guapo, pero la ropa blanca le resalta la luz de los ojos. Viste un pantalón vaquero claro y una camisa de manga corta del mismo tono. Acompañado de una orgullosa, emocionada e incrédula Sam, que todavía no ha digerido el hecho de que su hijo se vaya a casar, llega hasta el arco del triunfo, donde estrecha las manos con el “cura” que oficiará la ceremonia, vestido de riguroso blanco también.
Dougie cruza la mirada con sus band mates, y siente que se desprende un poco de la ansiedad. Ve a Harry llorando de broma, secándose unas lágrimas inexistentes con un inexistente clínex, y le hace sonreír. Ve también a Danny, la mirada de “un minuto más y me voy al chiringuito a por una caña”, revestida con esa guasa tan Jones que le ha alegrado momentos duros a lo largo de toda su vida. Y por último, mira a Tom, la sonrisa de padre orgulloso que le dedica, ese “ese es mi Dougie” mudo que le gritan sus ojos desde la primera fila. Y sonríe al mirarlos a todos ellos, porque sabe que, si la situación ya es rara de por sí, sin ellos lo sería más, o incluso ni existiría. Que les debe mucho y les quiere más de lo que nunca les confesará a la cara.

Minutos después, la novia entra en escena sosteniendo en sus morenas manos un ramillete de flores azules y verdes y arrastrando sus pies descalzos por la alfombra con vergüenza, sintiendo las miradas de los escasos invitados sobre ella. Nunca ha sido muy amante de ser el centro de atención, pero sabe que es algo ineludible, no en vano, es el día de su “boda”. Su brazo se entrelaza con fuerza en torno al de su padre, que la conduce al “altar” con otra sonrisa espléndida, y poco a poco, pasito a pasito, llega junto al hombrecillo con el que va a pasar el resto de su vida. Quién se lo iba a decir a ella cuando la contrató para que le hiciera aquel cuadro para su nuevo apartamento...

Una vez ambos están cara a cara, los invitados como espectadores de excepción, ambos se ríen, nerviosismo puro y duro esbozado en sus tirantes labios.

- Te queda muy mal el blanco- le dice una nerviosísima Lara a Dougie, tapándose la boca con una mano para que no le oigan los demás, pero sin conseguirlo. El enano empieza a reír, escondiendo esos ojillos entre sus párpados y patas de gallo, y se encoge de hombros.
- La próxima vez nos casamos de negro. ¡Oh, mierda, que no es una boda! Es igual. No me insultes que me largo con Harry.
- ¡Voy sacando el coche!- exclama Judd desde su asiento.

Las cuarenta personas que hay allí congregadas estallan en carcajadas mientras ellos se ponen algo más serios, dedicándose una mirada tan profunda y cargada de autenticidad que podría apreciarse desde la luna, y encaran al cura, o como sea que se llame el hombre que les va a convertir en marido y mujer para siempre. No a los ojos de un dios en el que no creen, ni ante un gobierno que no les entiende, sino ante las personas que les conocen de verdad, ante sus familiares, sus amigos, la gente con la que tendrán que lidiar día a día. Una boda especial, distinta y única, como él. 

1 comentario:

  1. QUIERO, QUE, LA, BODA, DEL, ENANO, SEA, EXACTAMENTE, ASI (pero que nos avise a las fans, que asi puedo morir de un infartito) No en serio, es que es perfecto para el, para ella, para ambos... son raros extraños extravagantes increibles perfectos raros y adorables a su manera!!! Su boda DEBE ser asi!

    Me haces morir de amor con cada capitulo, GRACIAS por escribir un fic asi! :)

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