miércoles, 9 de octubre de 2013

Introducción.

Como bien decía el gran Bruce Springsteen en una de sus míticas canciones, Dancing in the dark, “un fuego no puede comenzar sin una chispa”. Y era una afirmación acertada, Danny Jones lo sabía mejor que nadie. Como si no hubiera habido fuegos tontos en su vida que hubieran empezado por una chispita de nada...

Lo que Danny Jones no se esperaba, ni por asomo ni en sus peores pesadillas, era que, sólo dos meses más tarde de esa pequeña y prácticamente mísera chispa, su vida sería un completo caos. Que el mayor de sus hijos llegaría a casa confesándole que le había hecho abuelo, enterarse de que padecía una enfermedad terminal que los médicos no habían sabido diagnosticar a tiempo y que dos de sus sobrinos eran homosexuales y habían huido de Londres (juntos) por miedo a la reacción de sus padres cuando se enterasen.

Así que sí, se podía decir que Bruce Springsteen había sido y sería siempre un gran sabio, porque, sobre todo con él, había acertado de pleno.

Todo comienza un 19 de abril con un portazo. Danny se encuentra en el salón, con el portátil sobre sus rodillas, paseando la flechita de una ventana a otra, trabajando, tecleando cuando es necesario y ajustando el volumen de sus auriculares de marca para que el sonido que está manipulando entre hasta sus tímpanos con la intensidad necesaria. Y entonces, el portazo.

No se puede decir que su casa sea un remanso de paz y que su familia sea de esas que piden todo por favor y por todo piden disculpas. Nada más lejos de la realidad. Están prácticamente todos los días a gritos y raro es el día en que no se rompa un vaso o alguno de los pequeños llore por alguna pelea o, como es el caso, portazos a diestro y siniestro hagan temblar las paredes. Pero este en concreto tiene un matiz furioso que le asusta y alarma, por lo que se quita los auriculares blancos, dejándolos sobre el teclado de su Samsung, y apoya el portátil en el asiento contiguo del sillón, agudizando el oído. Oye pasos que suben escaleras arriba y se pone inmediatamente en pie, con el tiempo justo para salir del salón e interceptar al mayor de sus hijos de camino a su cueva, a su cuarto, de la cuál tan difícil es sacarle.

- ¡EH!- le grita para detenerle pero sin conseguirlo.- ¡EH!
- ¡¿QUÉ?!- responde a su vez el otro Danny Jones que hay allí presente, dándose la vuelta y mirando a su padre con odio, con las facciones desfiguradas por la rabia y la piel de su pecoso rostro enrojecida. Pero no es eso lo que a Danny le llama la atención.
- ¿Pero qué te ha pasado?

Su hijo bufa y sube otro escalón, cabezón como él solo, rasgo heredado de su madre, y se encamina de nuevo a su cuarto, por lo que a Danny no le queda más remedio que seguirle. Sube los escalones a zancadas, manteniendo algo de la vitalidad que tenía veinte años atrás, y atrapa el brazo de su hijo entre sus enormes manos para darle la vuelta y encararle.

Sólo cuando tiene su rostro entre sus manos puede apreciar el enorme moratón que decora su ojo derecho, la ceja del mismo lado rota y cubierta por una tirita y el labio inferior completamente hinchado. Parece que acaba de salir de un ring de boxeo. Le observa y cuando pasan un par de segundos y su hijo considera que ya ha soportado ese escrutinio demasiado tiempo, se zafa de su agarre con un brusco y violento tirón, cargado de mala leche.

- ¿Pero qué cojones has hecho ahora?- pregunta un Danny sobrepasado, enterrando los dedos en el escaso pelo que todavía le queda.
- ¡No he hecho nada!- se defiende su primogénito, y antes de que pueda abrir otra vez la boca para justificarse, su padre se lo impide.
- ¡Pero que tienes la cara destrozada, hijo! ¿Yo a dónde te llevo, al instituto o un campeonato de boxeo?

Hace el intento de volver a examinarle el ojo, el cuál no tiene muy buen aspecto, pero Danny Jr le esquiva la mano y se la aparta de un maleducado manotazo.

- ¡Déjame en paz de una puta vez, ¿vale?!- le grita, dejándose las cuerdas vocales.- ¡Olvídate de que existo, joder!

Se aleja de él, pisando el suelo con fuerza, como si así quisiera reafirmar que está muy enfadado, que es más duro que nadie y que no necesita a su padre, y se encierra en su cuarto con un nuevo portazo que indica que sí, que las cosas están a punto de cambiar aunque no lo sepan todavía.


1 comentario:

  1. wihi, holaaaaaaa

    Si, me he encontrdo con este "fic" tuyo por casualidad, y si, veo que me va a encantar. Y por si te lo preguntas.. si, tambien voy a comentar en cada capitulo porque me parecen unos capitulos increibkes amorosos y etc etc... y que ya empiezas con tu forma de hacerme sentir intriga sobre que c*****s es lo que ha pasado aqui.. jes jes jes. besiiiis.

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