miércoles, 9 de octubre de 2013

3- Sobre cómo Danny Jones llegó 45 minutos tarde a su propia boda.

Danny Jones había hecho muchas cosas en su vida, muchas. Siendo un personaje público como era y con su disposición económica, no muy amplia, no era componente de One Direction aunque escribiera para ellos, pero lo suficiente extensa como para permitirle cualquier cosa. Y había hecho de todo. Había probado las drogas, y el alcohol por supuesto; se había acostado con fans, con no-fans, con madres, con hijas; había tenido momentos tontos con algún que otro tío por ahí en una noche tonta (aunque esto fuera algo que jamás, JAMÁS, reconocería) y había incluso atravesado un parque con su coche porque iba muy borracho. O destrozado una habitación de un hotel de Chile hasta tal punto que el director estuvo a punto de echarle. O miles de cosas más.

Por eso, se podía decir que sus fans podían esperar cualquier cosa de él, excepto que se casara. Danny podría confesar que estaba enamorado de Dougie, que le gustaba acostarse con Harry aunque le tocase ser el pasivo o que se convertiría en mujer por tener hijos con Tom, antes que casarse. O eso pensaban muchas de sus fans.

Y por eso, cuando días después de pedirle a su novia, Ariel, que se casara con él, cuando lo compartió con sus seguidores de Twitter, estalló una guerra. Ni siquiera lo había hecho público en los momentos previos porque a él no le gustaba vender su vida privada, de hecho, odiaba la parte mediática que su relación con Ariel había adquirido en los últimos años al ser ambos cantantes de éxito en Inglaterra. Pero tampoco podía reservarse algo de tal calibre para sí mismo. Sin embargo, no le dio mucha importancia.

“Ariel y yo nos casamos, yeah haha” *icono de una iglesia* *icono de una novia* *icono de las alianzas unidas*.

Puede que ese fuera el motivo principal por el cual las GD’s no se lo creyeron en primera instancia. Conocían a su ídolo, o al menos, eso pensaban, y una noticia tan importante como que el tercer McGuy se casara no se podía dar así. Para más inri, su afición de poner iconos no era aceptada porque no en todos los dispositivos se podían visualizar y esa noticia creó controversias. ¿Y si era una broma? ¿Y si su hermana le había vuelto a robar el teléfono?

En segunda instancia tampoco lo creyeron, cuando sus compañeros de banda empezaron a felicitarle, ni siquiera cuando Tom le retwitteó ese tweet y le contestó que no podía creer que fuera a sentar la cabeza. Era como si, entre ellas, se dividieran en dos grupos: las que no podían dejar de fantasear con la posibilidad de que fuera real y de alegrarse por la pareja, y las que se negaban a creer que su Danny Jones fuera a pasar por el altar, las que se empeñaban en que se trataba de una coña.

Pero era verdad. Danny se casaba al verano siguiente de la pedida de mano.

Julio de 2017 llega entre nervios y discusiones. Falta un día para la boda, tan sólo un día para que Danny y Ariel se den el “sí quiero”, o no.

Están en Bolton, pueblo natal del novio, en el enorme salón de la casa de su madre, Kathy, y hay más gente de la que probablemente sea necesaria. Ariel está sentada en un tresillo, entre Giovanna y su futuro marido, y sostiene un vaso de vino en su ensortijada mano. Su mirada pasea con vaguedad por la estancia, entreteniéndose en las cenefas del tapete que cubre la mesita del té, ajena a las conversaciones que los demás están manteniendo, porque allí están todos. Está por supuesto Giovanna, mirándola de reojo porque la nota nerviosa, y más allá, Tom teclea con rapidez en su teléfono. Han tenido que dejar al pequeño Albert con su cuñada porque no podían llevarle a la boda. En otro sillón Harry e Izzy mantienen una entretenida conversación con el padre postizo de Danny sobre violines, aunque la única que sepa algo de ellos sea Izzy. Y Dougie y Lara hacen reír a Kathy, Vicky y a Phil y Julie, padres de Ariel, con sus excentricidades. En medio de esa jauría, ellos dos, callados, sentados el uno junto al otro pero sin mirarse ni hablarse.

Porque están en Bolton, ya que allí es donde se va a celebrar la boda, y el banquete, y todo, porque Danny así lo ha querido. O más bien, lo ha exigido. Y Ariel ha cedido, pese a que ella sea originaria de Aberdeen y tenga allí enterrado a su padre y sus abuelos, y todo porque Danny una vez le prometió al suyo, que en paz descanse, que si se casaba algún día (cosa que no creía probable), la boda se celebraría en Bolton. ¿Y quién era ella para hacerle romper una promesa?

- ¿Estás bien?- se digna a preguntarla, acariciando el dorso de la mano de su casi esposa con su dedo índice, pero ella se lo aparta con delicadeza, aunque ese gesto no pueda ocultar el rechazo.- Ari...
- Voy a tomar el aire.

Danny sigue con la mirada el cuerpo de su chica. Ésta se levanta del sofá, haciendo que todos la miren y tras un “voy un momento al jardín”, cada uno vuelve a sus conversaciones sin darse cuenta de que la novia está teniendo una crisis. Nadie salvo Danny, y Giovanna que, bien porque es escritora, bien porque es así de empática, se da cuenta de todo.

Ariel descorre la puerta de cristal del salón y sale a la fresca brisa de un 7 de julio a las diez de la noche; cierra los ojos, cruza los brazos e inspira con fuerza, impregnándose del olor a césped mojado que ha dejado Steeth al pasar la manguera un par de horas antes. Y en ese silencio y esa quietud, empieza a darle vueltas a un montón de cosas que no tiene claras, todas relacionadas con la boda que se cierne sobre ella en menos de 24 horas. Dudas como que tiene 26 años y está a punto de casarse, algo que a su liberal mente le parece de locos, aunque sea la edad a la que la gente normal contrae matrimonio. Dudas como que no sabe porqué ha cedido tanto en el tema de la boda si nada está saliendo como ella imaginaba, que el vestido, y la iglesia y el decorado y todo es perfecto, pero no se refiere a eso cuando piensa que todo podría ser mejor. Ni siquiera sabe explicárselo a sí misma, pero sabe que, si finalmente se casan, el recuerdo que se lleve de ese día para el resto de su vida, será más agrio que dulce.
Suspira con hastío, abriendo los ojos y un instante después pega un respingo al ver, por su visión periférica, la figura de Danny situada a su lado.

- Me has asustado- le dice, abrazándose a sí misma.
- ¿Me vas a decir qué te pasa?
- Se me ha puesto dolor de cabeza ahí dentro- miente, hablando sin mirarle a los ojos. Lleva casi seis años con él y sabe que ya no puede engañarle.
- Ya... Sigues sin decirme qué significan tus suspiros, y no soy adivino.
- En cinco años te ha dado tiempo a descifrarlos...
- Ari, ¿qué pasa?- coloca ambas manos en los codos de su pelirroja y obliga a ésta a mirarle, cosa que no hace, por lo que tiene que alzarle incluso la cara. - ¿Es por la boda?
- No, es por la final de la Champions, no te jode.
- ¿No quieres casarte?

Podría responderle muchas cosas, podría soltarle todo lo que ha estado pensando hasta que él ha llegado a su lado, pero sabe que no puede. Que si lo hace, probablemente peleen, y es lo último que quiere, así que se limita a murmurar un:

- No lo sé.

Que a Danny le duele más que si le hubiera dicho que lleva cinco años poniéndole los cuernos con su mejor amigo, que vendría siendo Tom. O Keith.

- ¿No lo sabes?- inquiere con incredulidad, soltando sus brazos. – ¿A un día no lo sabes?
- No, joder, no lo sé. Mejor que me lo piense ahora que no delante del cura, ¿no crees?
- Ah, que encima me estás haciendo un favor...
- Danny, no quiero discutir, y menos aquí- se pasa una mano por la frente, apartando el flequillo y volviendo a suspirar sin poder evitarlo.
- Bueno, pues entonces yo vuelvo a dentro con los demás y hacemos como si aquí no hubiera pasado nada, ¿te parece? Y si mañana te sale de los cojones dejarme plantado en el altar, ya les doy yo a los invitados unas explicaciones que no tengo. ¿Vale?
- Puedes probar a decirles que yo no quería casarme aquí, y que probablemente esté en alguna iglesia de Aberdeen, con mi padre y mis abuelos. Que yo también tengo abuelos muertos, ¿sabes?- Danny se ríe, pero resulta amenazante, y se coloca las manos cruzadas en el pecho, a la defensiva. Llevan meses sin discutir, y justo tienen que hacerlo a varias horas de la boda.
- Pensaba que estábamos los dos de acuerdo en que se celebrara aquí. Que yo sepa, no te obligué a nada.
- No, claro, tú sólo lo sugeriste algo así como quinientas veces en menos de una hora.
- Está bien, vale. Lo hacemos a tu manera. No hay boda- Ariel le mira y ve el gesto de su postura defensiva.- ¿Es eso lo que quieres?
- Yo no he dicho eso...
- No, te lo digo yo. ¿Quieres casarte conmigo sí o no?

Se repite la pregunta que le formuló casi un año atrás, pero esta vez expresada con vehemencia y exigiendo una respuesta que parece no querer salir de las cuerdas vocales de Ariel. Y como dice el dicho, el que calla, otorga.
Danny interpreta el silencio de su novia como una negación y asiente, cegado por un enfado que apenas si llega a entender, y regresa al salón como una exhalación, recogiendo su teléfono móvil, cartera y llaves del coche, y sale esta vez incluso de la casa, montándose en su auto y conduciendo lejos de allí. Todo en menos de dos minutos.
Once pares de ojos se fijan en Ariel a través del cristal del salón y ésta mantiene su vista fija en el coche que se aleja calle abajo, Dios sabe a donde irá a esas horas de la noche.

En menos de quince minutos, el salón se ha quedado prácticamente vacío porque los chicos y sus mujeres han creído conveniente dirigirse a sus habitaciones de hotel para descansar y no molestar en ese ambiente tan tenso que Danny ha dejado a su salida. Tom se despide de Ariel con un “va a volver, le conozco” que a la pelirroja se le queda grabado en la mente porque si Tom tiene algo siempre, es razón, pero le cuesta creerle. En el fondo todo es culpa suya, y lo sabe, y probablemente por su culpa ahora Danny esté en Dios sabe dónde, con Dios sabe quién haciendo Dios sabe qué cosas. Y pensar en esa sola posibilidad, le da escalofríos.

A las dos horas de su espantada, le llama, pero no recibe respuesta. Y dos minutos después vuelve a llamarle, y siete, quince, veinticuatro, treinta y ocho y cincuenta y cuatro.
A las tres horas, cuando el reloj marca la una y veinte de la noche y sus padres y los de Danny avisan de que se van a dormir, ella se queda en el sofá asegurándoles con un “voy a esperarle un poco más” que se irá a la cama en un rato si ve que no aparece.
A las cuatro horas empieza a llorar tapada con una manta en el sillón, la tele apagada y Bruce tirado a su lado como un perro guardián, mirando a los ojos a su dueña como si le dijera “¿dónde está papá?”, respuesta que no puede darle ni a él ni a si misma. Se abraza al perro pensando que es Danny ya que le recuerda a él, no porque sea un perro, sino porque es suyo. Y se acuerda de cuando se le presentó, el miedo que tenía a todos los perros y que poco a poco, igual que con Danny, aprendió a quererle.
A las cinco horas se arrepiente de aquella conversación y ruega poder volver atrás en el tiempo, porque ¿qué más dará dónde se casen si lo importante es que lo hagan? Porque ¿qué importará que sea demasiado pronto si sabe que, casados o no, quiere pasar el resto de su vida a su lado? Porque ahora que se ha ido y que no sabe dónde está, el miedo que tiene a que haga cualquier locura por despecho pesa mucho más que la maldita ubicación de una iglesia.
A las seis horas, con una Ariel dormida sobre el sillón del salón, tapada de cualquier manera con una mantita de punto, la puerta de entrada se abre sigilosamente por si chirría, cosa que no hace.

El reloj de la pared marca las cinco menos veinte de la mañana, y la noche afuera se ha hecho un poco más fría, cuando Danny camina con cuidado por el parqué del salón, recortando con pasitos pequeños la distancia que le separa del sofá, y recoge otra manta del sillón contiguo. Se detiene un segundo sólo para mirar a Ariel y sonríe antes de echarle la segunda manta, lo cuál hace despertar a la pelirroja.

- Danny...- murmura, frotándose los ojos e incorporándose mientras sus pupilas tratan de habituarse a la penumbra.- ¿Dónde estabas?
- En un bar poniéndote verde con Matt- responde él, sentándose a su lado y apartándole los pelos de la cara a su chica.
- ¿Quién es Matt?
- No lo sé, estaba a mi lado en la barra.
- ¿Vas poniéndome verde delante de desconocidos?
- Efectivamente- sonríe y Ariel decide que no entiende nada.- Es muy divertido. Y liberador.
- ¿Podemos fingir que la pelea de esta tarde no existe?-le pide, haciendo pucheros porque sabe que así logra manipularle.
- ¿Ya has cambiado de idea? ¿Seis horas han sido suficientes?
- Lo habrían sido incluso dos, que es cuando he empezado a arrepentirme.
- Vaya, ¿y para eso me he estado tres horas aguantando las historias de un borracho?- se vuelve a reír y acaricia la mejilla de su pelirroja, que no sabe si llorar o reírse, pero decide que lo mejor es suspirar.- Quiero que estés segura, Ari. Sabes que en mi familia tenemos antecedentes de matrimonios fracasados. Necesito que lo tengas claro para tenerlo claro yo, no quiero empezar el camino torcido, igual luego no podemos enmendarlo.
- Guau, el alcohol te hace filósofo.
- Deja de burlarte de mí.
- ¿Entonces qué gracia tendría mi vida?- le pica, ganándose un pellizco en el costado.- Si no me dejas tomarte el poco pelo que te queda, mañana te digo que no- y Jones comienza una guerra de cosquillas que termina con ambos dos tumbados en el sofá, sus piernas enredadas y las miradas conectadas.- Sabes que quiero hacerlo, pero la gente siempre dice aquello de “te casaste, la cagaste”, y no puedo evitar tener cierto miedo.
- Más que yo, manda huevos- bufa él. No es ningún secreto que Danny siempre ha huido de los compromisos.- Si sirve de algo, juro solemnemente que no me convertiré en un marido machista y opresor.
- ¿Ahora eres Marx?- se vuelve a burlar, pero sonríe.

Sabe que Danny no será nada de eso porque le conoce demasiado para poder pensar algo así de él. Al fin y al cabo, ¿el matrimonio qué es? ¿Un papel firmado en el registro? ¿Un arito de oro en tu mano para indicarle al resto del mundo que le perteneces a otra persona? ¿Dónde quedan en todo esto reflejados los sentimientos? ¿Dónde dice ahí que Ari quiere a Danny más de lo que se ha querido nunca a sí misma, o que él cada vez que la mira encuentra en sus ojos a una de las pocas personas con las que puede ser totalmente él mismo? ¿Acaso queda reflejado en algún lado las ganas que tienen de seguir quemando días juntos, de dejar que el día a día se desarrolle en su vida y seguir descubriendo el mundo con el otro? Entonces, ¿por qué hay que creer que con el matrimonio tienen que cambiar las cosas? ¿O que si cambian, que lo hagan para mal?

Ariel suspira de nuevo, y pasa su brazo derecho por detrás del cuello de Danny, que en ese ataque de cosquillas, ha quedado encima de ella sobre el sofá del salón.

- Siento mucho lo del jardín- le dice haciendo un puchero. Si hay algo que se le da mal, es pedir disculpas, y Danny lo sabe. Y sabe lo orgullosa que es y lo que le cuesta reconocer sus errores.
- ¿Lo del jardín? ¿Qué ha pasado en el jardín?- Ariel chista y se enoja, sabe que lo está haciendo a posta.
- ¿Necesitas que te refresque un poquito la memoria?
- ¿Por qué no me la refrescas de otra manera?

Agacha la cabeza y posa sus labios sobres los de su inminente mujer y comienza a besarla y sus manos cobran vida, pero esta vez ya no le hace cosquillas. Ahora se han vuelto aventureras, y buscan los bordes de la ropa de su chica por los que poder colarse para dejar de ser dos personas para ser solo una. Pero Ariel no parece por la labor.

- Eh, eh- le sujeta las manos y se ríe.- ¿En serio? ¿En el sofá de tu madre?
- Es de sueño profundo, no se va a dar cuenta- le come el cuello y le hace reír de nuevo.- Pero si te ríes sí.
- Deja el garbancito quieto, anda.- Danny bufa y se pone en pie. Odia que Ariel se refiera a sus partes como “el garbancito”.- Además, son las cinco de la madrugada, y nos casamos mañana. No deberíamos ni estar viéndonos.
- ¿Eso no era el vestido?
- También- concede, poniéndose en pie y estirándose la camiseta, que se ha arrugado bajo el cuerpo del pecoso. Se acerca a él y deposita un beso en su mejilla como si acabaran de conocerse de nuevo- Nos vemos mañana en el altar.
- ¿No me vas a dar ni un beso en condiciones hasta mañana?
- No. Así me pillas con más ganas.

Dicho lo cual, y con el sueño pegado a los ojos, sale corriendo escaleras arriba y se mete inmediatamente en su cuarto, el cuál no es el mismo que el de Danny, por eso de las tradiciones. Tiene que levantarse en cuatro horas y todavía ni se ha dormido; es consciente de que al día siguiente amanecerá con unas ojeras de campeonato, pero no es importante. Su boda le espera en menos de seis horas.

*     *     *

A la mañana siguiente, todo son prisas.

El despertador de Ariel no ha sonado y sólo se ha levantado cuando su futura suegra ha entrado a su cuarto al grito de “LAS DIEZ Y MEDIAAAAAA”, con esa voz tan de familia Jones, y ha abierto todas las cortinas y ventanas, dejando que el sol y la luz de julio entrase en el dormitorio. Le ha tirado una bata a la cara pidiéndole que se apurase en darse una buena ducha, que tenían muchas cosas que hacer,

Así que así es como llega Ariel al cuarto de baño, arrastrando los pies descalzos por el suelo y desnudándose con parsimonia porque se muere de sueño. Logró quedarse dormida a las ocho y cuarto pero no ha descansado nada, y el agua que resbala por su cuerpo consigue que termine por espabilarse o llegará dormida a la iglesia. Ni siquiera es consciente de que es el día de su boda, y aún no es capaz de ponerse nerviosa porque no lo asimila. ¿Ella, casándose? ¿Y encima con el hombre que conoció de chiripa en el pub de Micky?

Sale de la ducha, con el albornoz cubriendo su cuerpo y sus mujeres de confianza esperándola en el dormitorio. Allí se encuentran Sarah y Lauren, sus mejores amigas y Vicky, que junto con ellas, les harán de damas de honor; su suegra y su madre y su hermano pequeño.

- ¿Qué haces tú aquí?- le saluda, comiéndoselo a besos.- ¿Te pintamos las uñas a ti también?
- Deja de llenarme de babas- se queja él, que con sus casi 11 años odia los besos, y se pone muy formal cuando dice:- Tengo un mensaje de tu futuro marido.
- Miedo me das.

Le tiende un papelito que saca del bolsillo de su vaquero y ella lo despliega. “Espero que no le tengas mucho aprecio al liguero porque esta noche te lo voy a quitar con los dientes”. Ariel lo repliega de nuevo y cierra sus dedos en torno a él, con el rubor subiéndose por sus mejillas.

- Dime que no lo has leído- le pide asustada a su hermano.
- Me ha sobornado- dice.- Cincuenta libras a dártelo cerrado. ¿Qué pone?
- Nada de tu incumbencia, y ahora fuera, que me tengo que arreglar.

Echa a su hermano casi a empujones al tiempo que éste se ríe y Ariel piensa que ese niño tiene en Danny un muy mal referente masculino.
Las dos siguientes horas son de locura. La ceremonia se celebra por la mañana, a las doce y media, y todo tiene que estar a punto para esa hora. Peluquera y maquilladora se encarga de poner guapa a la novia, que no deja de preguntarse qué tal estará Danny y cómo habrá amanecido, si se estará poniendo nervioso como ella o si le estará entrando pánico.

Cuando a las doce y cinco, vestida con su precioso vestido blanco, desciende las escaleras del porche para montarse en el coche que le lleve a la iglesia, Sarah se acerca a ella con una sonrisa y antes de montarse en el coche anterior con el resto de las damas de honor, le dice:

- Danny y los chicos han salido hace cinco minutos en el otro coche- sonríe a su mejor amiga con cariño y aprieta su mano para infundarle ánimos.- No deben tardar mucho en llegar.

Ariel suspira. No sabe porqué, pero tiene la sensación de que algo va a salir mal sí o sí, probablemente porque estando Danny involucrado la probabilidad es muy alta, pero sabiendo que ya están de camino, consigue tranquilizarse.
Se monta en su coche, un ostentoso Rolls Royce Phantom negro del 29 alquilado para la ocasión, y Phil se sube a su lado, tomándola de la mano y besándola a través del guante, mirándola como si fuera hija suya de verdad.
Hasta la iglesia les quedan unos siete minutos de conducción con el tiempo justo para llegar a ella y comenzar la ceremonia. El coche arranca y Ariel empieza a imaginarse la capilla llena de toda la gente que quiere y que les quieren a Danny y ella, y se imagina a sí misma caminando con el ramo en las manos hacia el altar donde un Danny guapo a rabiar la estará esperando con la mejor de sus sonrisas para pasar el resto de sus vidas juntos. Y los nervios empiezan a carcomerle las entrañas.

A los cinco minutos de conducción, el móvil de Phil, su padrastro, irrumpe en ese silencio de nervios a flor de piel, y éste descuelga al segundo tono.

- Estamos llegando- informa, y tras un par de segundos de silencio, mira a su hija de reojo.- No lo sé... ¿Dos minutos? Como mucho tres.
- ¿Qué pasa?- pregunta la novia. Y no es un “¿qué pasa?” como aquel que dice “se me ha roto una uña”, es un “¿qué pasa?” que significa “dime que Jones no se ha fugado con Dougie porque le capo”.
- Nada, tranquila- sigue hablando con quien quiera que haya al otro lado, y se rasca la nuca.- ¡Pero si ha salido antes que nosotros! (...) No, no les hemos visto.
- Phil...- inquiere, alargando la “i”.
- ¿Atasco? ¿En sábado? (...) Vale, de acuerdo.

Y cuelga. Suspira, se guarda el teléfono móvil, y mira a su hija, que sabe lo que le va a decir antes de que abra la boca.

- ¿Por qué no paramos un poquito?- sugiere.- ¿Quieres estirar las piernas?
- ¿Dónde está Danny?
- No lo sabemos.

Bien. Genial. Divino. Los ojos de Ariel se cierran lánguidamente y se obliga a sí misma a respirar hondo, inspirar, expirar, mientras sus manos retuercen el tallo del ramo con ansia.

- ¿Cómo que no sabéis dónde está? Ha salido antes que nosotros- dice, apretando los dientes para no dejarse llevar por un ataque de nervios.
- Eso le he dicho yo a tu suegro. Deberían haber llegado ya, no hay tanta distancia desde su casa hasta la iglesia, estamos a punto de llegar nosotros...
- Phil, así no me ayudas...- baja la ventanilla del coche, aunque haya curiosos haciendo fotos por ser la boda de uno de los cantantes de McFly, y se abanica con la mano.
- Pero ya verás como enseguida aparece- trata de animarla.- A lo mejor... se les ha averiado el coche.
- Qué casualidad, ¿no?

El Rolls Royce sigue su camino hasta la iglesia y, tal y como había dicho Phil por teléfono, en dos minutos más ya están allí, con novia pero sin novio.
Hay gente agolpada a la puerta, gente del pueblo que quiere ver cómo su paisano más ilustre, su Danny, se casa. ¿O no? Julie, la madre de Ariel, sale acalorada de la iglesia, seguida de Kathy, y se acercan al coche.

- ¿Dónde está Danny, mamá?- pregunta una Ariel incrédula de que haya sido capaz de hacerle lo que tiene toda la pinta que ha hecho. Su madre la mira y mira a su nuera esperando algo de apoyo. Kathy abre la puerta del coche invitándola a salir y le tiende una mano como ayuda.
- No va a tardar en llegar, ya lo verás. O le traigo a la fuerza.

La novia sale del coche, con las piernas temblorosas y a punto de echarse a llorar o romper lo primero que se interponga en su camino, y accede a la iglesia, sin entrar a la capilla en la que se celebrará la ceremonia, si se celebra. Es conducida por un par de claustros hasta la vicaría en la que el sacerdote espera a que le digan algo en claro sobre la misa, preguntando de un modo muy sutil si él recibirá sus honorarios se casen o no se casen.
Ariel se sienta en una de las butacas de la sala y el reloj de la pared le informa de que son las doce y veinticinco, restan cinco minutos para que empiece la ceremonia, y el novio no aparece.

- ¿Le habéis llamado al móvil?- pregunta. Se niega a creer que haya podido abandonarla en el altar, porque no. Porque la noche anterior lo hablaron, y lo dejaron todo claro.
- No contesta. Ni él ni los chicos- responde Kathy, con su teléfono en la mano, señal de que no es la primera vez que lo intenta.
- ¿Ni siquiera Tom?
- Ni Tom.

Algo malo debe ocurrir si Tom no atiende al teléfono. ¿Y si les han secuestrado? ¿Y si se han despeñado por algún... acantilado o carretera en mal estado? ¿Y si simplemente se ha echado para atrás y no quiere casarse?

Los minutos empiezan a correr y la gente dentro de la iglesia a impacientarse. Las damas de honor se encuentran con la novia, que se ha quitado el velo y soltado el ramo de mala manera por la mesa y se abanica con un tríptico de catequesis porque le falta el aire. Y encima se siente ridícula con ese perifollo de vestido.

- ¿Para qué mierdas me pide que me case con él si me va a dejar plantada?- espeta, con la paciencia colmada.- Será hijo de puta, con perdón, Kathy.
- Señorita, está en la casa del señor- le recuerda el cura, y ella lo fulmina con una mirada asesina.
- Encima me hace gastarme miles de libras en este vestido.
- Ari, tranquilízate- le pide Sarah.- Si rompes el vestido y al final aparece vas a tener que casarte en bragas.
- Así seguro que le dice que sí- interviene Lauren, ganándose otra mala mirada.
- ¿Qué hora es?- inquiere la novia poniéndose en pie.
- Casi la una- responde el cura, deseandito de terminar con ese paripé de una vez.
- Se acabó.

Las personas allí presentes, es decir, su madre, su padrastro, sus damas de honor y su suegra, la miran inquisitivamente y tratan de disuadirla, pero la verdad es que no tiene razón de ser. Ya deberían estar casados y Danny ni siquiera da señales de vida, ¿qué pretenden? ¿Qué se quede esperando como una mojigata?

- Me...- irrumpe Vicky cuando su cuñada sale por la puerta con paso firme y la mirada acuosa.- ... me está llamando Tom.
- ¡Descuelga!- le ordena Sarah. Vicky obedece y lo pone en altavoz, deteniendo el tiempo en la vicaría. Y luego se oye la voz de Tom.
- ¡ESTAMOS LLEGANDO! ¡¿ESTÁ ARIEL POR AHÍ?!
- Está a punto de irse. ¿Se puede saber dónde cojones estáis?- le interpela la Jones mayor, ignorando las regañinas del cura.
- No os lo vais a creer...- dice. Se oyen interferencias y el móvil cambia de manos.
- ¡AL PUTO FERRARI DE LOS HUEVOS SE LE HA PINCHADO UNA RUEDA AL SALIR DE CASA!- se oye gritar a Danny.
- Os dije que era mejor un coche de caballos, que no se quedan sin gasolina...- esta vez es Dougie. Más interferencias y el móvil vuelve a las manos de Tom.
- ¿Dónde está la novia? ¿Por qué no la oigo quejarse, con lo que a ella le gusta? ¡¿No se habrá ido, verdad?!- Ariel recula y se acerca al móvil.
- Tom- dice, seria.
- Oye, que lo de que te gusta quejarte era broma...- se defiende el rubio.
- Ya, luego hablaré contigo... ¿Está Jones por ahí?
- ¡ESTAMOS LLEGANDO!- grita Danny.- Se ha pinchado una rueda, ¿vale? Y hemos intentado cambiarla pero Harry es un inútil.
- ¡POR LO MENOS YO NO ME HE MANCHADO LOS ZAPATOS DE BARRO!- dice el otro.
- Y cuando teníamos la rueda quitada, no sabía poner la otra. Y no teníamos cobertura para llamaros.
- Y venís a pie, claro- ironiza ella.
- No, en taxi. Estamos llegando, te cuelgo.

Y la cuelga. ¡La cuelga! Ni un “disculpa”, un “lo siento”, un “te quiero”. Vicky cuelga su teléfono también y todo el mundo mira a la novia, como si esperasen que ella se negase ahora a casarse. El cura da una palmada y les echa a todos de la vicaría.

- Vamos, vamos, que nos casamos- canturrea.

Ariel se pone de nuevo el velo con ayuda de su madre y su suegra y respira hondo o puede que en cuanto llegue al altar le pegue un sopapo a su futuro marido, y probablemente la echen de la iglesia.

Cinco minutos después, con los hombros erguidos y el ramo en las manos, camina hasta el altar con paso dubitativo viendo a su futuro marido esperarla junto al cura y sus padrinos. Le mira de arriba abajo, intentando desterrar de su mente el soponcio que le ha dado en los prolegómenos del día más importante de su vida, y se le olvida todo en cuanto ve la sonrisa de su Danny y cómo le tiemblan las manos, algo que puede ver desde esa distancia. Y, oh, Harry no mentía. Se ha manchado los zapatos de barro.
Ariel se ríe, soltando un poco de la tensión que ha acarreado con ella, y Phil se para frente a Danny, al que dedica una mirada de lince, y le entrega la mano de su hijastra para que Jones la haga su esposa.

El cura les sonríe, la música es acallada y la ceremonia da, ahora sí, comienzo, mientras Danny ve salir de los suaves labios de su sirenita un “te voy a matar, la lías hasta en el día de tu boda” que le hace sonreír como cuando era un niño pequeño y parecía que no había roto un plato.

Y así es como las GD’s terminan convenciéndose de que su Danny Jones ha contraído matrimonio, viendo con cuentagotas las noticias que se filtran sobre ellos y riendo a mandíbula batiente cuando el titular “Danny Jones llega tres cuartos de hora tarde a su boda”, se adueña de todas las portadas. Porque la posibilidad de que Jones se casara era remota y limitada, y si lo hacía, tenía que ser así, a su manera, estilo Danny Jones. 

1 comentario:

  1. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA No en serio, no me he podido reir mas con este capitulo, pero es que a la par que gracioso es extremadamente adorable!

    "Porque la posibilidad de que Jones se casara era remota y limitada, y si lo hacía, tenía que ser así, a su manera, estilo Danny Jones.

    Esa frase, esa me ha matado. Es que tiene toda la razon del mundo! Danny Jones es Danny Jones, y por eso todo lo que le rodea es tan especial *-*

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