miércoles, 9 de octubre de 2013

2- Sobre como Dougie decidió remodelar el despacho el día de Navidad.

La cuarta chispa estalla un 25 de diciembre de ese mismo año, 2016.

Reina la anarquía en casa de Dougie Poynter. Es un hombre de negocios, o eso le gusta decir de sí mismo ya que lleva una línea de ropa, y como buen hombre de negocios que es, le gusta gastarse el dinero en cosas que no necesita con urgencia o que directamente no necesita.
Reina la anarquía porque la mañana anterior se levantó con el pensamiento de cambiar el papel de las paredes de su despacho. Y reina la anarquía porque no sólo se le ha ocurrido, sino que lo está haciendo.

- ¡LARAAAAAAAA!- se oye que grita a las diez de la mañana, sacando la cabeza por la puerta de su mini despacho, con Jerry sujeto precariamente en su mano derecha mientras que la izquierda se aferra al marco de la puerta para no caerse con el lío que tiene montado por los suelos.

Lara no responde. La ha obligado a salir de la cama hace media hora para que le ayude a transportar los muebles al salón, quitar el papel viejo, encolar las paredes, poner el nuevo, y volver a meter el mobiliario otra vez, y ella sigue su ritmo. Está sentada junto al microondas viendo como su taza de café da vueltas y vueltas dejando escapar un fino vaho, con la cara apoyada en una mano y los ojos prácticamente cerrados. Y no responde. Está demasiado dormida como para responder.

Dougie termina por salir del despacho, lagarto en mano, salteando el jaleo que ha creado en sólo media hora en su casa, y llega hasta la cocina, encontrándose a su novia de esa guisa y aún en pijama. Un pijama con dibujitos de penes que él mismo le regaló las Navidades pasadas.

- La tele está en el salón- se burla, creyéndose que Lara se ha creído a su vez que la televisión era el microondas.
- Esto es más interesante- murmura ella, bostezando sonoramente.- ¿Me llamabas?
- Sí. Quédate a este, se ve que quiere ayudarme con el papel.
- Mejor, así me libro yo.
- ¿No me vas a ayudar?- se acerca y se sienta a su lado, poniendo un puchero que ella ignora.
- ¿Sabes a qué día estamos?
- A algo de diciembre.
- Veinticinco.
- ¡COÑO, NAVIDAD!- exclama el rubio, alzando las manos por encima de la cabeza como si fuera un niño pequeño.
- ¿Sabes que vienen tu madre y tu hermana a cenar esta noche, no?
- Claro que lo sé... ¡¿HOY?!
- Hoy. Veinticinco. Diciembre. Fun fun fun.

Lara saca la taza del microondas mientras el cerebro de Dougie se fuerza a sí mismo en buscar una solución al desastre que acaba de montar. Porque tiene el salón invadido con los cuadros de su despacho, las butacas y el sofá, y la mesa a medio sacar, atascada en la puerta entre el pasillo y el salón. ¿Y viene su familia a cenar esa noche? ¿Dónde les va a servir la cena, en la terraza en pleno diciembre?

- ¿Y qué hacemos?- pregunta cuando no se le ocurre nada.
- Yo tomarme el café y volverme a la cama- responde ella removiendo la taza con una cucharilla mientras el vaho sigue saliendo.
- Va, que te necesito, no me hagas esto- se cuelga de su brazo y vuelve a hacerle pucheros, por lo que Lara le mira alzando una ceja y poniendo labios de pato.- Sabes que sin ti seré incapaz de lograrlo.
- No, ni conmigo- se ríe.- Te quedan... ocho horas para terminarlo todo y estás aquí suplicándome con el rabo entre las piernas.
- ¡Eh, que yo no suplico! ¡Que yo soy muy hombre!

Y como si quisiera refutar su afirmación, le roba la taza y le pega un largo trago a su café, tras el cuál exhala sonoramente como si fuera un hombretón tomándose una cerveza de un solo trago.

Un segundo después, sale corriendo hacia el cuarto de baño al grito de “CAGO EN LA HOSTIA, QUEMA, QUEMAAAAAAAA” y mete la lengua bajo el chorro de agua fría porque las papilas gustativas le palpitan y le arden, no en vano, el café estaba hirviendo.
Cuando regresa a la cocina, Lara sigue con su ataque de risa, acariciando al lagarto en su regazo como si fuera un gato y ella la madrastra de La Cenicienta.

- Pod favod- le pide con lengua de trapo.- Y te dadé lo que quiedad.
- ¿Por qué no llamas a tus amigos? Yo cuando me termine el café te ayudo. ¿Quema mucho?
- Hida de huda- le tira un trapo a la cabeza y sale de la cocina para regresar al despacho.

Parece un día normal en casa de los Poynter. No hay día en que Lara no empantane el salón con sábanas blancas para cubrir los sillones porque la noche anterior soñó un cuadro que es imprescindible que pinte antes de que se le olvide y puede llevarle días con los lienzos y las brochas por cualquier lado del salón. O días en los que Dougie se levanta inspirado y cubre todos los suelos con folios en los que se pasa horas y horas diseñando nuevas camisetas o haciendo bocetos sobre posibles escenarios para la próxima gira. Por hache o por be, en esa casa no se respira tranquilidad nunca, pero Dougie sabe que hoy se ha pasado.

Están en plenas Navidades y a él no se le ocurre otra cosa que empantanar toda la casa para cambiar los papeles del despacho. Y encima con tanto ajetreo tiene miedo de perder el colgante que le va a regalar a su novia.

De cualquier manera, entra de nuevo al despacho y se pone las manos en las caderas tras colocarse bien la cinta para sujetarle el pelo y que no se le manche con la cola. La cola de pegar, claro. Mira en derredor y ve que no va a ser capaz de sacar la mesa por la puerta, por lo que decide que lo mejor es dejarla ahí atrancada. Igual si consigue sacarla, luego no puede meterla...

Coge su Iphone y hace caso a Lara, la inteligente de la relación. El primer número que teclea, aun sabiendo que probablemente le mande a la mierda por ser Navidad, es el de Harry.

- Dime mi amor- le saluda.- Buenos días y Feliz Navidad, ¿amanece un día radiante también para ti?
- ¿Puedes venir a casa?
- ¿Así, sin un besito ni nada? ¿El condón me le pongo por el camino o me dejas que me desnude allí?

Harry se ríe sonoramente al otro lado y Dougie espera a que termine de reírse de él.

- ¿Ya? Vale, ¿puedes venir?
- ¿Para qué? Que estamos en Navidad, estoy aquí con toda la familia, si hasta los gatos están celebrando que el Mesías llegó a la Tierra...
- ¿VIENES O NO?- Dougie odia muchas veces a Harry, muchas. En ocasiones como esa, por ejemplo, le metería la fregona por el culo.
- Voy, cojones. No se puede ser un poco gracioso en este mundo ni en Navidad. Qué amargado te has vuelto desde que...

Y le cuelga. Busca la T de T-Bag en el teléfono y llama a Tom, que contesta tan sólo dos tonos después. Tom vive pegado al teléfono.

- ¡DOUGIE, AMIGO MÍO! ¡FELIZ NAVIDAD! ¿TE HAS FIJADO QUE ESTÁ NEVANDO? ¡UNA NAVIDAD SIN NIEVE NO ES NAVIDAD! ¿QUÉ TAL EMPIEZA TU DÍA?
- ¿Puedes venir a casa?

Y no le cuesta imaginarse cómo Tom pasa de ser todo sonrisas a una nube de brumas.

- ¿A tu casa? ¿Qué ha pasado? ¿Te has roto algo? ¡Dios mío, Doug, que tenemos concierto el día 27! ¿Pero estás bien? ¿Has ido al médico?
- ¡TOM, QUE SI PUEDES VENIR A MI PUTA CASA, COJONES!
- Sí, sí. No hacía falta que te pusieras así. Sólo me estaba preocupando por ti, ¿sabes? Es lo que hacemos los amigos por los amigos...- Dougie suspira y se pasa una mano por la frente. ¿Qué ha hecho él para merecer a gente como aquella? ¿Qué?
- Vale, lo siento, Tom. Es que voy mal de tiempo.
- ¡NO PASA NADA, AHORA MISMO VOY PARA ALLÁ! ¿QUIERES QUE LLEVE GALLETITAS? ¡LAS HICE AYER!

Y Dougie termina diciendo que sí, que lleve galletas, muffin o lo que le salga el gusto del Willy, pero que haga el favor de ir a su casa.

Y por último pero sí por ello menos importante, llama a Danny.

- Tú, idiota, ven a mi casa- le dice, sin saludos ni nada. Directo. Estilo Dougie.
- ¿Para qué? Que estamos en Navidad.
- Para que me eches una mano con unas cosas. Harry y Tom están a punto de llegar.
- Ah, que me has llamado el último...
- Pues claro, los menos importantes se dejan para el final.
- Pues ahora no voy, que estoy muy ocupado con los preparativos de la boda.
- ¡Pero si no has movido un dedo! ¡Lo está haciendo todo Ariel!
- ¡Bajo mi atenta supervisión!
- Mira, que te den por culo. Ven si quieres, ya sabes donde vivo.

Y vuelve a colgar.

Se guarda el teléfono en el bolsillo trasero de los vaqueros y oye a Lara canturrear a lo lejos, probablemente vistiéndose o recogiendo el desayuno. Se sube a la escalera de carpintero y, con ayuda de un cutex que le da hasta miedo usar, empieza a rasgar el oscuro papel de la pared, tirando de él con fuerza para que salga sin romperse.

Minutos después, el timbre suena por primera vez.

- ¡LARAAAAAAAAAAA!- vuelve a gritar-¡ABRE LA PUERTA, PORFA!

Y Lara, sin que sirva de precedente, obedece. Se encuentra tras ella a un Tom cargado con dos bandejas y una sonrisa de oreja a oreja que grita “FELIZ NAVIDAD” nada más pone un pie en casa. Lara le conduce a la cocina para que deje sobre la encimera los muffin, galletas, pastas y todo lo que sea que trae consigo, y después ambos se dirigen hasta el despacho de Dougie, encontrándole agarrado a la escalera con fuerza porque acaba de descubrir que tiene vértigo.

- ¡SUJETAME LA ESCALERA!- suplica.- ¡ESTO SE MUEVE MÁS QUE LA COMPRESA DE UNA COJA!

Lara estalla en carcajadas mientras Tom sujeta la escalera y ésta le tiende una mano a su novio para que pise tierra firme de nuevo.

- Ay, no lo pasaba tan mal desde que dos brasileñas se enteraron de dónde nos hospedábamos en Río. Pensé que me iban a violar...
- Doug- Tom interviene, también con los brazos en jarras, viendo la que tiene allí montada,- No es por meterme donde no me llaman, sabes que la prudencia es una de mis múltiples virtudes, pero... ¿Se puede saber qué cojones estás haciendo? ¿No cenabas hoy con tu madre y tu hermana?
- ¿Es que todo el mundo se sabe mis citas mejor que yo?- se queja el rubio pequeño.
- Sí- responden Lara y Tom al unísono.
- Es igual, Tom. Tienes que ayudarme. Como mi madre vea la casa así...
- ¿Te quita la paga dos meses?- se burla Fletcher, riéndose de él en su cara pero, al ver que su broma no tiene gracia, para.- Vale. ¿Qué tengo que hacer?

Mientras le explica sus intenciones, Lara sale de nuevo al recibidor ya que el timbre ha vuelto a sonar, y por la puerta aparece un Harry sonriente y ojeroso.

- Vaya ojeras- le dice tras saludarle con un abrazo.
- Emma se ha estado toda la maldita noche llorando- se justifica quitándose el abrigo.- Y cuanto más la mecía para que dejara de llorar, más lo hacía. Esta niña ha nacido desobediente, no quiero imaginarme cómo será cuando tenga quince años...
- Igual le están saliendo los dientes de leche...
- Que va. Lo que le pasa es que es una cabrona y no quiere que su padre duerma...- se ríe y niega con la cabeza.- ¿Qué le pasa a Donners?

Caminan hasta el despacho, saltando por encima de la mesa, que sigue atrancada en la puerta, y un segundo después de que haya puesto los pies en el suelo, Harry se tira contra Dougie, al cuál aplasta de un abrazo y le llena la cara de besos.

- ¿Me echabas de menos? No hace falta que respondas, ya sé que sí- le da otro beso y le revuelve el pelo, sacándole la cinta de su sitio.- ¿Qué tripa te pica? Mira la que tienes montada.
- Quiero cambiar el papel de las paredes- informa.
- ¿Y no había otro día que Navidad?
- ¡NO, JODER! ¡Y ENCIMA VIENE MI MADRE A CENAR, ASÍ QUE O ME AYUDÁIS O DEJÁIS DE PONERME NERVIOSO!
- Lara, hazle un tila bien caliente- pide Harry sin dejar de reírse del arrebato del pequeño.
- No, que se quema- se ríe ella, recordando lo del café.
- Tú vuelve a reírte- amenaza Dougie, apuntándola con el cutex.- Te voy a poner una planta carnívora al lado de la mesilla que te vas a cagar.
- Menos lobos, Caperucita- Tom estalla en carcajadas mientras asiste a la enésima pelea dialogada de esas dos especies de la naturaleza sin catalogar todavía.- Que te apago la luz antes de meterte en la cama y no eres nadie.

Abre la boca para responder, por eso del orgullo herido, pero el timbre suena por tercera vez y en esta ocasión es él quien salta la mesa para ir a abrir la puerta, así no tiene que ver cómo su hombría es pisoteada de nuevo. Le abre la puerta a un Danny que no deja de teclear en su teléfono y que murmura un “hey” sin levantar la mirada de la pantalla.

- ¿Vives al lado y llegas el último?- pregunta un Dougie indignado pegándole un sopapo en la muñeca, haciendo que se le caiga el móvil y le mire a los ojos.
- Gilipollas, estaba ocupado- miente, recogiendo el teléfono del suelo y guardándole en el bolsillo trasero de sus vaqueros.
- ¿Ocupado? ¿Haciendo qué? ¿Tirarte a tu novia?
- Prometida- le rectifica, apuntándole con el dedo índice.- Además, lo que hagamos no es cosa tuya.
- Pues por lo menos súbete la cremallera, que se te va a escapar el pajarito y con lo pequeño que es, no le vamos a encontrar.

Se gana una colleja, pero no de esas de colegueo, no. De las que suenan y duelen y te dan tortícolis para un par de días, y Dougie, como buen inmaduro de 29 años que es, le devuelve el golpe, y se enzarzan en una pelea de guantazos y “AY, GILIPOLLAS, LAS LENTILLAS”, que se salda con un Danny soltando un “ja, maricón”, y un Dougie metiéndole a empujones a su despacho.

- ¿Qué coño ha pasado aquí?-pregunta el pecoso una vez traspasa la mesa.
- Aquí a Pugsley, que se le ha ocurrido cambiar el papel de las paredes- informa Harry, jugueteando con el cutex.
- ¿Hoy?
- ¡QUE SÍ, COJONES. HOY!- Jones se sobresalta y acude junto a Tom a buscar refugio, agarrándose a su brazo como si fuera una damisela en apuros.- Para los musulmanes es un día como otro cualquiera, ¿sabéis?
- Pues pídeles a ellos que te ayuden. Yo me abro- se aleja de nuevo de Tom y trata de salir por la puerta, pero Harry, cutex en mano, se planta en su camino amenazándole con el filo cortante de la cuchilla.
- Te casas en siete meses, no me hagas dejarte como un eunuco o dudo que Ariel te dé el “sí, quiero”.
- ¿Tú y cuántos más?

Alza la barbilla, envalentonado, por esa pelea de orgullos que ha mantenido siempre con Judd, y éste da un paso adelante, cuchilla en mano y con una determinación en la mirada que no deja lugar a dudas. Un paso más, y Danny Jones se queda sin huevos.

- VALE, VALE. ¿QUÉ HAY QUE HACER?

Y así es como tus amigos empiezan a ayudarte en una obra que debe empezar y terminar en un plazo de siete horas y cuarto.

Harry, como buen hombretón y temerario que es, es el encargado de rasgar el papel con el cutex para poder despegarlo y reemplazarlo por el nuevo, y Danny agradece que Judd le de otro uso a ese artilugio antes que cortarle a él la parte más sagrada de su cuerpo después de su garganta.
Tom va recogiendo los pedazos que Dougie despega de la pared y los va metiendo en bolsas de la basura para no poner el suelo aún más perdido de virutas de papel.
Y Danny teclea en el teléfono criticando todo lo que hacen.

- Harry, te vas a caer de la escalera.
- Pues ven y me la sujetas, no te jode.
- He dicho la escalera, princesa- se jacta, riéndose a mandíbula batiente.
- ¡Que me sujetes, hostias, que me caigo!

Bufa, mientras los otros dos rubios siguen a lo suyo, y va a sujetarle a Harry la escalera sin soltar el teléfono, absorto dando de comer a su Pou.

- ¿Pou? ¿De verdad sigues con esas tonterías?
- ¿Tonterías? Tsé, me estoy preparando para ser padre. Ya veremos qué hijo sale mejor educado- Harry se ríe. El cerebro de Danny aún no ha llegado de Alemania...
- Claro, porque tus hijos te van a decir “jiji, I’m dirty” cuando se hagan caca encima, ¿no?
- Que te den por culo.

Deja a su Pou durmiendo y suelta la escalera para ir a incordiar un rato a Dougie, que parece demasiado preocupado porque sean las doce y aún no hayan encolado las paredes.
Un segundo después, se oye un estruendo y un “ME CAGO EN TU PADRE, DANNYYYYYYYYYYYY”, de Harry, porque se ha caído de la escalera y esta le ha caído sobre la espalda a Tom, que está aovillado junto a la ventana.

Entre Pones, les ayudan a salir de ese embrollo y cuando el reloj de Tom anuncia que son la una y media de la tarde, a todos empieza a entrarle un hambre terrible y paran para comer.

Pierden demasiado tiempo en engullir malamente unos espaguetis y cuando vuelven al despacho son más de las dos de la tarde, lo cuál significa que tienen menos de cuatro horas para terminar todo el trabajo.

Se reparten las tareas y entre todos deciden que el indicado para pegar el papel es Tom ya que todo lo hace bien y, palabras textuales de Dougie “si no se pega bien el papel, se quedan pompitas y no me gusta”. Así que es Tom el que tiene que lidiar con el olor de la cola que hay por todas las paredes que prácticamente está haciendo que se coloque como cuando tenían diecisiete años y fumaban maría a escondidas de Fletch.

A las cinco y media, todos los papeles están perfectamente puestos y las ventanas abiertas de par en par para que el olor se vaya evaporando en el aire, lo cuál parece tarea casi imposible, pero su ocupación ahora es meter todos los muebles de nuevo. Empiezan por la mesa, la cuál ha dejado atascada en la puerta y que ahora no va para un lado ni para otro. Y por si fuera poco, Lara se acerca a ellos con una sonrisita en la cara.

- Rubio, tu madre llega en media hora.
- ¿EN MEDIA HORA?- se atora y mira hacia todos lados, pensando que no ha hecho la cena, que tiene el salón sin colocar, la mesa sin poner y encima aún ni se ha duchado.
- En media hora. Si ves qué tal, puedes ir metiendo ya los muebles al despacho otra vez...
- Sin prisas, eh. Que las cosas bien hechas, bien parecen. Y LA PUTA MESA NO ENTRA, COJONES.

Dougie nervioso es muy divertido, pero él no se da cuenta, y parece un gremlin porque se pone todo colorado y va de un sitio a otro murmurando sin parar.

- Vale, bien.- dice, tratando de tranquilizarse.- Si ha salido, tiene que volver a entrar...
- Ya, Doug, pero es que no ha salido- interviene Tom, aportando un dato innecesario.
- Pues la metemos a la fuerza.

Y ahí tienes a los integrantes del grupo puntero de Inglaterra empujando una mesa porque la madre de uno de ellos no puede ver el salón invadido por una mesa de despacho de madera de caoba repleta de papeles con dibujos de gatos desojados y bosques tenebrosos.

Y empujan, empujan tanto que parece que están dando a luz, y la mesa termina entrando a la fuerza, chirriando al arrastrarse por el suelo para devolverla a su sitio, y desencajando todos los cajones, que caen contra las baldosas de mármol, desperdigando papeles y bolis y una cajita. La cajita. La cuarta chispa.

- Mierda- murmura, pero Danny es más rápido y se agacha antes a por ella, quitándosela de las manos prácticamente y aliándose mentalmente con Tom y Harry para hacerle un poco de rabiar. – Dámela, calvo.
- Uy, uy, uy. ¿Esto qué es? ¿Un regalito para mí?
- Que me la des... – Danny lo acerca a sus ojos y hace amago de abrirlo, mientras Harry mete el hocico también, como buena cotilla que es.- ¡NO, NO, NO LO ABRAS!

Y en ese momento aparece Lara, vestida para la cena, y les ve contemplando una caja como si fuera el anillo del Señor de los Anillos.

- Doug, tu madre está aquí. ¿Qué hacéis?
- ¡NADA!- exclama, arrebatándole a Danny la cajita de las manos, con tan mala suerte que la patosidad de Jones sale a relucir y ésta termina en el suelo, abierta y dejando a la luz su contenido.

Sam y Jazzie aparecen por el marco de la puerta, contemplando el despacho a medio arreglar y la cara de Dougie al ver que el colgante de Lara ha quedado al descubierto tirado en el suelo, y que ésta lo mira con curiosidad.

- ¡Feliz Navidad, hijo!
- ¡Feliz Navidad, bro!
- ¿Qué es eso?

Dougie se agacha, cagándose en todos los muertos de Danny, y recoge el colgante, acercándose a Lara con el pulso rehilante y las mejillas coloradas.

- Es para ti- le dice. Se lo tiende y los tres capullos que tiene por amigos sueltan un “AWWWWWWWWWN” que es acallado por la mirada asesina que les lanza.
- Es... ¿es un pene?- Lara contempla el colgante, y sí, es un pene. Es un pequeño pene de plata con ¿incrustaciones de esmeralda?
- Es simbólico- dice Dougie mientras los demás le miran sin entender nada, ¿quién regala un pene por Navidad?
- No lo pillo.
- Es mi... anillo de compromiso.
- ¿Me estás pidiendo que me case contigo con un colgante de un pene?- se ríe a carcajadas, pero la verdad es que es original. Ya sabía ella que Dougie no era como los demás.
- No. Ya sabes que yo en el matrimonio no creo, es mi manera de pedirte que pases tu vida conmigo, o bueno, que me dejes compartir la mía contigo- Harry se seca una lágrima imaginaria y Sam mira a su hijo pensando en qué momento se le cayó de la cuna y se dio tal golpe para haberle salido así.- ¿Qué simboliza un anillo? Nada. En cambio, pensé que si te regalaba un pene, te acordarías de mí cuando no podamos estar juntos. Y así, si te da el venazo de ponerme los cuernos, te acordarás de que tienes un pene en casa y que no hay necesidad de que busques más.

El despacho permanece un par de segundos en silencio, la tensión o la incertidumbre respirándose en el aire, y luego lo primero que se oye son las risas de Danny, que aplaude mientras por su cabeza pasa el pensamiento “este enano es un puto amo”. A él se le unen los aplausos de Tom, Harry y Jazzie, y una Sam un poco más reticente pero que no puede dejar de sonreír. Por su parte, Lara asiente conforme con la explicación que acaba de darle su novio, y acepta el colgante, decorando su cuello con un precioso pene de plata.

Le da un corto abrazo y un beso en la mejilla ya que no es muy partidaria de demostraciones públicas de afecto, y contempla el colgante pendiendo de su cuello, el colgante que la convierte en algo así como... Lara Poynter... o a él en Dougie Carew-Jones.

Y así es como la cuarta y última chispa salta. El fuego comienza a arder, y ya no hay nadie que pueda apagarlo. 

1 comentario:

  1. Jolin, este capitulo tiene demasiadas cosas monas juntas!! Primero, la extraña y adorable relaccion que tienen Doug y Lara, después la relacion entre los chicos y por ultimo, pero no menos importante, la manera que tiene Dougie de "pedirle matrimonio" a Lara y su visión sobre el "matrimonio".

    El problema mental que me hace tener este fic es muy grave... me hace pensar que realmente sus vidas son asi! jajaja te lo imaginas, aunque solo sea por un momento? Por dios, podria morirme de amor...

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