Quizás
sería más correcto decir que todo empezó un 18 de abril de 2011.
Ese
día, Tom Fletcher se levantó de los nervios, se afeitó dos veces, desayunó tres
y se duchó cuatro. Ese día estaba sumergido en plena grabación de McFly on the Wall, un reportaje de seis
episodios sobre el grupo de música que llevaba con sus mejores amigos. A Tom
nunca le había dado especial vergüenza situarse frente a una cámara, ni tener
que hablar con periodistas o exponer su música a un auditorio. A Tom directamente
le ponía nervioso la gente. Era un miedo casi patológico, porque en ocasiones
incluso temía acudir a las fiestas a las que era invitado y pasaba minutos y
minutos encerrado en el cuarto de baño tratando de calmar su ansiedad.
Pero
ese día era diferente, porque ese día empezó todo.
Tom
se levantó nervioso, y lo peor de todo es que sabía que ese nerviosismo le
acompañaría todo el día porque lo que tenía que hacer debía hacerlo por la
noche. Y así fue. Todos sus amigos lo sabían, incluido Dougie, lo cuál
aseguraba que la persona que no tenía que saber nada, terminara enterándose de
todo, pero afortunadamente no fue así. Dougie mantuvo la boca cerrada y todo
salió a la perfección.
Esa
noche fue la noche más importante de Tom en muchos aspectos, y el llevar una
vida como la suya aseguraba que varias noches inolvidables ibas a tener casi
con total seguridad.
Esa
noche, Tom Fletcher, cantante y guitarrista de McFly, le pidió a Giovanna
Falcone, el amor de su vida, que se casara con él. Motivos para estar nervioso
no le faltaban, pero tampoco era como si Gio le fuera a decir que no. Llevaban
13 años juntos, no como pareja pero sí como amigos, y estaba escrito en las
estrellas que sus vidas tendrían que desarrollarse la una enlazada con la otra.
Por eso, ese “sí” que Giovanna le regaló esa noche, estaba planeado por la
providencia incluso antes de que la idea del matrimonio hiciera aparición en la
mente de Tom.
Huelga
decir que minutos después de que ambos lloraran, sentados estilo indio en
aquella sala de teatro del Sylvia Young Collage, Tom compartió con sus
seguidores de Twitter que acababa de comprometerse con Giovanna, y que le había
dicho que sí. Y huelga decir también que la noticia corrió como la pólvora e
hizo llorar a miles de fans en todo el mundo. Su Tom se casaba, su Tom
Fletcher, su rubio, iba a casarse.
Esa
fue la primera chispa. La segunda vino algo más de un año después, un 17 de
mayo de 2012.
La
boda de Tom ya había tenido lugar, tan sólo cinco días antes, y por esas fechas
los cuatro miembros del grupo se encontraban de vacaciones con sus respectivas
novias. Había sido un muy buen año, el mejor prácticamente de toda su vida.
Habían dejado atrás todo tipo de tragedias, enfermedades y adicciones, y podían
disfrutar de su vida, familiares y su música con plena conciencia y autonomía,
y esa era una sensación que no habían experimentado nunca. Por eso sentían que
la vida iba encajando en su sitio, y que justo ese momento y nunca antes, era
el momento de dar el paso.
Por
eso tal día de mayo, en un ambiente incomparable como es una cena en primera
línea de playa, con las olas del mar bañando las blancas arenas a tan solo un
par de metros, en un enclave privilegiado como era la pequeña y perdida isla de
Santa Lucía, Harry Judd hincó la rodilla en el suelo y, tras decirle las
palabras oportunas a la mujer que llevaba amando desde hacía siete años, le
pidió que se casara con ella. Por supuesto, la preciosa Izzy dijo que sí
inmediatamente, y minutos después su dedo quedaba adornado por un precioso y
costoso diamante que parecía competir con el de Giovanna.
Harry
dio gracias al hecho de que todo hubiera salido bien, pero lo cierto era que
tenía mucho miedo. Habían compartido vuelo con los Fletcher, y en todo momento,
hasta que tuvieron que separarse en el aeropuerto, Tom había custodiado el
anillo porque al batería le daba un miedo terrible perderlo o que Izzy lo
descubriera, pero tal cosa no ocurrió, y horas más tarde, también él lo estaba
compartiendo con sus seguidores y fans, pese a no ser un hombre muy entendido
en tecnologías.
“I like
it, so I put a ring on it”, ironizó el macho alfa del grupo,
parafraseando a Beyoncé. Y como era esperar, se volvió a desatar un gran revuelo.
Un
McGuy acababa de pasar por el altar y otro no iba a tardar en hacerlo. Parecía
como si el fin del mundo estuviera cerca. Empezaron a salir teorías de que los
siguientes serían Danny y Dougie, o bien entre ellos o con sus respectivas
novias.
Harry
contrajo nupcias un 21 de diciembre del mismo año, desafiando a los mayas que
habían predicho el fin del mundo, como si él fuera más chulo que nadie. Aunque
la boda de Tom había dejado el listón muy alto, la de Harry no tuvo nada que
envidiarle. Estuvo llena de música, y de amor y de sonrisas, exactamente como
la de su amigo.
Pasaron
los meses, y aunque los dos jóvenes del grupo seguían adelante con sus
relaciones, no hubo más pedidas de mano ni matrimonios a la vista, por más que
muchas fans se empeñasen en que ya era hora de que ellos también lo hicieran.
Aunque también era cierto que muchas eran contrarias a esa idea, muchas GD’s no
concebían la idea de que Dougie Poynter, pero sobre todo, Danny Jones, pudieran
llegar a casarse. Danny Jones, aquél gran galán que había reinventado el mito
del Don Juan, aquél que era capaz de atraer por igual a hijas y madres, no
podía casarse. Sencillamente, no podía. Podría estar muy enamorado (cosa que
muchas también dudaban), podría ocultar su clara homosexualidad y podría
envejecer siendo un viejo verde que siguiera mirando bajo las faldas de las
jovencitas, pero jamás se casaría, porque era Danny Jones, y Danny Jones no
podía casarse.
Pero
podía, y como decía el dicho, “todo son
risas hasta...” que Danny Jones anuncia que se casa.
Y
lo hizo.
25 de
agosto de 2016.
Como
reza su canción, canción que casi siempre olvida y luego tiene que buscar en
Google antes de los conciertos, el sol
está en el cielo y va a ser un día glorioso. Danny se levanta con el pie
derecho, y no es un dicho común. Aunque sea zurdo, su lado de la cama es el derecho
y, al incorporarse, el primer pie que toca el suelo es el derecho. Pero sí,
también hace honor al dicho, va a tener un buen día, lo presiente. Se siente
bien, aunque la cama esté vacía y el hueco de su novia esté incluso frío, señal
de que no acaba de levantarse. “¿Dónde
está esta mujer?”, se pregunta a sí mismo, levantándose y caminando hacia
la ducha con pasos arrastrados. Teme volver a tropezarse con Bruce, que duerme
por casi cualquier sitio de la casa, y volver a pisarle el rabo.
Quince
minutos después, está duchado y vestido con una sencilla camiseta de algodón y
un pantalón de deporte por encima de la rodilla, dejando ver el tatuaje de su
pierna derecha y la pulsera del tobillo izquierdo. No se ha molestado mucho en
arreglarse el pelo, o darse esos potingues que hacen que su novia se ría de él
porque, si no hay imprevistos, volverá a ducharse por la tarde para ultimar
cualquier detalle.
Baja
a la primera planta, encontrándose al perro en medio del pasillo, y tras
dedicarle un cariñito, entra a la cocina, viendo que su compañera de cama está
allí peleándose con la máquina del café.
-
¿Qué haces? Que la vas a romper- le dice sonriendo. Siempre es gracioso cuando
se encuentra a su pelirroja en aprietos, porque así puede hacerse el machote
delante de ella; y además, hoy es el día, hoy es otra chispa, por lo que no
puede dejar de sonreír.
-
Si es que eres raro hasta para comprar las cafeteras. ¿Qué tienen de malo esas
en las que echas el café en un filtro y dejas que se haga poco a poco? No lo entiendo.
-
Que tardan, y hay que cambiar el filtro todos los días.
-
Y tú no eres más vago porque no te parieron de culo.
-
¿Me permite usted o no desayunamos?
La
pelirroja se aparta, alzando las manos como si le dijera “usted manda”, y Danny vuelve a sonreír, tomando la cafetera y
colocando la capsulita del café que le gusta a su futura mujer, y después el
suyo. Le tiende su taza y ve que se ha sentado sobre la encimera, como
siempre...
-
¿Te quieres bajar de ahí?- le insta, como toda la vida.
-
Danny, digo yo que después de casi cinco años ya deberías haberte acostumbrado
a que no te haga caso, ¿no?
-
Pues cuando se rompa la encimera, vas a llamar tú al técnico.
-
Pues le llamo, fíjate qué problema.
-
Ya, como cuando se rompió el grifo del baño, ¿no?
-
Te me adelantaste, no es mi culpa- Ariel bebe de su café, escondiéndose detrás
de la taza y mirando a su novio por encima de ésta, y se ríe con picardía, como
si fuera una niña pequeña. Y Danny sólo puede sonreír también. Deja la taza
sobre la encimera en la que él está apoyado y camina hasta ella, cogiéndola de
las corvas y abriendo sus piernas para situarse entre ellas. Luego coge su
taza, apartándola de sus labios, y la deja junto al fregadero.- Eh, que no he
terminado.
-
Ni me has dado los buenos días.
-
Tú a mí tampoco. Has venido avasallando y reprochándome que sea una inútil.
-
Es que lo eres.
-
Y tú te estás quedando calvo.
Y
ese es el pan nuestro de cada día. Por eso, Ariel se ríe, porque sabe lo que
viene ahora.
Danny
esboza un gesto de fingida indignación y ella vuelve a reír, pero hace un
puchero que consigue ablandar a su pecoso y éste le premia con el primer beso
del día. Y, para hacer gala de que no es un día normal, que es una de esas
chispas, Danny no le da un simple beso rutinario. De algún modo u otro, siente
que esos serán los últimos besos que se den como pareja de hecho, que todos los
demás se los darán como marido y mujer, y tiene que aprovecharlos.
Pero
Ariel no es tonta, y se da cuenta.
-
¿Qué pasa?- pregunta separándose de él, preocupada.
-
¿Qué pasa?
-
¿Te pasa algo?- Danny la mira, atemorizado de que Dougie se haya ido de la
lengua y haya descubierto el pastel, y opta por no decir nada y dejar que ella
se explique.- ¿Os vais otra vez a Los Ángeles?
-
No. No que yo sepa, vaya...
-
¿Entonces? ¿A qué viene ese beso?
- ¿Te quieres aclarar? Primero que no te doy los buenos días y ahora esto. ¿En qué quedamos?
- ¿Te quieres aclarar? Primero que no te doy los buenos días y ahora esto. ¿En qué quedamos?
-
Es que me asustas, pecas. Si me cambias la rutina, me asustas- Danny se ríe y
apoya la mejilla contra el pecho de su casi mujer, sin dejar de abrazarla. Está
deseando que llegue esa noche y vea todo lo que tiene preparado para ella.
-
Entonces también te asustará que esta noche cenemos fuera, ¿verdad?
-
¿Cenamos fuera?
-
Sí. Así que si tienes algo, una gala, una premiere o lo que sea, ya puedes ir
cancelándolo.
-
Hoy no tengo nada en toda la tarde.
-
Mejor- deposita otro beso sobre sus labios y se aparta de ella, devolviendo su
taza a su mano y terminándose la suya.
Pero
Ariel, que como ya ha sido dicho, no es tonta, empieza a sospechar algo. Y como
no tiene ninguna pista sobre lo que puede haber llevado a Danny a decidir cenar
un jueves fuera, su mente empieza a buscar explicaciones. Y son todas funestas,
porque está en su personalidad plantear primero las opciones malas que las
buenas. Y se le ocurre de todo: que le va a anunciar que el grupo parte hacia
América de nuevo y no volverán en tres semanas; que han programado una gira por
Brasil y que no volverán en un mes (con la consiguiente zozobra de si alguna
brasileña facilona le estará quitando a su novio); que no tiene nada que ver
con el grupo y que simplemente se ha cansado de ella y quiere terminar esa
relación.
Danny
sonríe a través de su taza, la cuál deja en el fregadero y tras anunciar “voy un rato al estudio”, sale de la
cocina, dejando a una Ariel preocupada y pensativa, porque en su cabeza no
existe la posibilidad de que Danny le vaya a pedir matrimonio. No en vano, ella
sólo tiene 25 años, y él 29 sí, y dos de sus mejores amigos ya están casados y
tienen hijos, pero sencilla y llanamente, su cerebro no baraja esa posibilidad
como remotamente posible. Para nada.
Cuando
llega la noche, Danny vuelve a salir de la ducha y, ahora sí, pierde más
minutos que su novia frente al espejo, atusándose el pelo y bailando frente a
él, moviendo los pies y las caderas de ese modo tan Danny Jones.
Ariel
sale de la ducha después de él, aunque no la hayan compartido, y se envuelve la
toalla alrededor de su cuerpo bajo la atenta mirada azul de Jones, que sonríe y
sigue con su gomina y sus bailecitos.
-
¿Dónde vamos?- inquiere Ari metida de lleno en el armario, buscando qué
ponerse. Danny acude a su lado y contempla su cuerpo: está vestida únicamente
con la ropa interior y de repente la idea de cenar fuera le parece secundaria.
Lo que le apetece ahora es quitarle esas dos prendas y pasar la noche entre las
sábanas.
-
Sorpresa-se limita a decir, abrazándola por la espalda y besando su cuello.
-
Vale, ¿y qué me pongo?
-
Lo que sea, te va a durar muy poco puesto esta noche...
-
¿El chándal está bien?
-
¿Cómo te vas a poner el chándal para cenar fuera?
-
Es que “fuera” es un concepto muy amplio. “Fuera” puede ser en el bar de la
esquina, en el parque, en el metro o el Ritz.
Danny
bufa, pero en el fondo se divierte. Sabe que la mente de su mujer es tan
extraña como la suya y que por ello se compenetran tan bien. Termina por ser él
quien rebusca en su armario para, un par de segundos después, sacar un vestido
blanco.
-
¿Cómo me voy a poner un vestido blanco por la noche? ¿Te crees que estamos en
Ibiza?
-
Joder, qué más dará. Ponte cualquier vestido- mira el reloj y le pega un
cachete en el culo.- Pero ponte algo, que vamos a llegar tarde.
-
¿Tenemos reserva?
-
Algo así.
Danny
hurga en su parte del armario y en cinco minutos está completamente vestido,
mientras que Ariel apenas si ha escogido qué ponerse y busca zapatos con los
que combinarlo. Si, tal y como ha insinuado Danny, tienen reserva, lo más
seguro es que sea un lugar de etiqueta. ¿Y le lleva a un restaurante caro para
cortar con ella? ¿En qué cabeza cabe?
Algo
más de veinte minutos después, ambos se montan en el coche en dirección
desconocida, y Ariel toquetea los botones de la radio, cambiándola de donde
Danny la ha dejado y buscando algo que le convenga a ella.
-
Como pongas a My Chemical, te dejo en la calle- bromea, o no.
-
Tú deberías apoyarme, eh. Que yo todavía no supero su separación. Como novio,
deberías apoyarme en vez de minarme la moral.
-
¿Que yo te mino la moral?
-
Sí, y chitón, que te acabas de saltar un stop.
Danny
chista y se concentra en la carretera, dejando que su niña toquetee todo lo que
quiera como ha hecho siempre, y aferra con fuerza el volante. No puede ponerse
nervioso ahora, ni puede dejar que las dudas empiecen a aparecer. Lo tiene todo
claro, tiene claro lo que quiere y lo que necesita en su vida, y no hay lugar
para las indecisiones. No es una decisión aleatoria, lleve meses pensándola,
dándola vueltas, y sobre todo, sopesando los pros y los contras.
Porque
Ariel tiene muchos defectos, muchísimos, y parece que ella los conoce y los
explota al máximo sólo por hacerle de rabiar. Odia cuando sale de la ducha y no
recoge los pelos del desagüe, o cuando se levanta a las tantas y no hace la
cama, o que cuando sale a correr por las mañanas y vuelve a casa, deje las
deportivas por medio del recibidor, o la extraña manía que tiene de mover el
pie derecho cuando está nerviosa, que no le deje sitio en los armarios, que le
obligue a poner la música que a ella le gusta y que no deje de meterse con su
pelo.
Pero
también tiene cosas buenas, y en relación unas con otras, las buenas son tan
buenas que eclipsan a las malas. Porque le encanta cuando se acurruca a su lado
en la cama cuando hace frío y busca su calor antes que el de las mantas, adora
tener a alguien que le dice las verdades a la cara sin remordimientos y sin
temores a que duela, le encanta que sea esa mezcla extraña entre feminidad y
masculinidad, siendo las dos partes de una misma persona, le gusta que se
cuelgue de su cuello, le muerda la oreja y le diga que cada día está más viejo
y que cada día le quiere más. Y le encanta hacerla cosquillas porque sabe que
no las aguanta, y cogerla en brazos y llevarla a la cama cuando se duerme en el
sillón, y contemplar la sonrisa que le sale inconsciente cuando la hace llegar
al orgasmo. Todo eso y más. Todo eso que la hace ser quien es, de quien está
enamorado.
Por
eso, cuando llegan al local, no hay dudas en el horizonte, sólo claridad. Ariel
baja del coche sin darle tiempo a que le abra la puerta y se haga el
caballeroso, y mira el local frente al que están situados.
-
¿El pub de Micky?- pregunta incrédula.
El
pub de Micky es un lugar que hasta cierto tiempo fue importante para ellos, no
en vano, se conocieron allí. Ariel era una de esas muertas de hambre con la
cabeza llena de sueños y los bolsillos vacíos que tocaba en aquel pub a cambio
de un par de libras y que consiguió enamorar al mismísimo Danny Jones con una
sublime interpretación de “November Rain”
de los grandiosos Guns ‘N Roses. La historia es mucho más compleja, pero es
básicamente eso.
Y
ese local fue importante durante mucho tiempo porque Danny acudía cada viernes
con puntualidad británica sólo para verla a ella, como un perseguidor, hasta
que fue ella quien se atrevió a hablarle. No porque le conociera por McFly, ni
supiera que era famoso, ni siquiera porque le pareciera guapo. Se acercó y le
espetó “¿se puede saber qué cojones miras
tanto?”, porque Ariel no era tonta y se había percatado de que ese hombre
sólo venía a verla a ella, se tomaba una caña, y se iba tan tranquilo. A decir
verdad, si no fuera por ella y su mal genio, jamás habrían intercambiado una
palabra.
-
Exacto- contesta él, apagando y bajando del coche y tomando a Ariel de la mano
con posesión.- ¿Te parece mal?
-
Hace años que no venimos.
-
Por eso. Va siendo hora de que le hagamos una visita, ¿no crees?
Ella
se encoge de hombros porque hay cosas que nunca ha entendido y nunca entenderá
de él, por lo que claudica y entra junto a él al local.
Siempre
ha sido un sitio pequeño y ni los años ni la fama creciente que adquirió a
posteriori de que Ariel se hiciera alguien en el mundo de la música, han
conseguido que el dueño firmara por una ampliación. Es pequeño, y así le gusta
a él.
La
puerta se abre y Ariel comprueba que el establecimiento está completamente
vacío, que ni siquiera hay camareros tras la barra. Echa un rápido vistazo al
reloj y éste le dice que son las nueve y media de la noche, hora a la que el
local ya suele estar abierto. “Aquí pasa
algo”, piensa para sí misma.
-
¿Qué estás tramando?- inquiere, sentándose a la mesa que su novio le está
indicando.
-
¿Yo? ¿Por qué estás siempre desconfiando de mí?
-
Porque te conozco.
Y
su silencio no hace más que confirmarle que algo trama. Pero obedece, y se
sienta a la mesa y pide algo para cenar. Los minutos pasan y ellos comparten
una conversación típica y normal, interesándose por el trabajo del otro y los
planes para días siguientes.
Cuando
Ariel termina su plato y pasa al postre, Danny apenas puede estarse quieto en
el asiento. Siente la cajita de terciopelo azul quemarle en el bolsillo del
pantalón y a las horas que son, ya debe estar todo preparado. Comprueba su
Iphone y ve agradecido que Tom le ha mandado un pulgar en un WA hace dos
minutos, señal de que todo está listo. De que es la hora.
-
Voy un momento al baño- le dice a su casi prometida.- No te muevas de aquí.
-
¿Dónde voy a ir?- se burla ella.- Tienes cada cosa...
Se
mete la última cucharada de helado en la boca mientras Danny desaparece por
detrás del escenario, donde se encuentran los baños y el pequeño backstage, al
cual se dirige. Le encuentra vacío, tal y como esperaba, y simplemente coge su
Takemine acústica negra, se la coloca en el regazo tras coger una púa de la funda
de la guitarra, y camina hacia el escenario con paso decidido. Por supuesto,
las cortinas están todavía sin descorrer para que Ariel no vea nada antes de
tiempo.
Al
poner un pie sobre las maderas del escenario, tres cabezas se giran para
mirarlo. Tom, sentado en una butaca alta, le espera con el ukelele rosa
conectado al amplificador y una sonrisa en los labios. Más allá, Dougie
sostiene con seguridad un palo de lluvia y Harry se prepara, arremangándose las
mangas de la camisa, para tocar más cómodamente la caja.
-
Vamos, fiera. A darlo todo- se ríe Dougie viendo el estado de nervios de su
amigo. – Igual con un poco de suerte te dice que sí.
-
No seas cabrón- sale Harry en su defensa.- Te va a decir que sí, aunque sea
sólo por la parafernalia que has montado.
-
Como sigáis hablando nos va a oír antes de tiempo- sentencia Tom, recolocándose
el cable sobre el hombro y dirigiéndole al pecoso una sonrisa de aliento.-
¿Listo?
Danny
asiente y es Tom quien le hace una seña a uno de los camareros, al cuál le han
pedido que se encargue de las cortinas, y que en ese momento hace su cometido y
las recorre con lentitud al tiempo que los focos les iluminan y los micrófonos
son conectados a la luz.
Ariel
levanta inmediatamente la mirada de su Iphone, el cuál estaba revisando por si
a su manager le había dado por mandarle alguna orden de última hora, y se queda
perpleja al ver lo que tiene delante. ¿Un concierto privado? ¿Le va a cantar
una canción para cortar con ella? Sea como sea, bloquea el teléfono y escucha
la canción que los chicos han comenzado a tocar.
Is
this a beutiful night. We are looking for something dumb to do…
Hey
baby, I think I wanna marry you.
Ariel
se ríe, nunca ha escuchado a McFly cantar nada de Bruno Mars, salvo la soberbia
interpretación de Tom de “When I was your
man”, y no sabe qué significa que estén cantando esa canción. A lo mejor
tienen pensado cantarla en el tour del año que viene y, como ella también se
dedica a la música, se la están “enseñando” para que les de su opinión.
Durante
los casi cuatro minutos que dura la actuación, ella atiende críticamente a la
versión reaggue que están dando, y en su fuero interno tiene que reconocer
incluso que le está gustando. McFly siempre termina
sorprendiendo a todo el mundo.
Just
say “I do”, tell me right now baby.
Just
say “I do”, tell me right now baby.
Is
this a beutiful night. We are looking for something dumb to do…
Hey
baby, I think I wanna marry you.
Is
it the look in your eyes, or is it this dancing juice?
Who
cares baby? I think I wanna marry you.
Empieza
a aplaudir una vez la interpretación termina, y se levanta de la silla
sonriendo. No es porque su novio sea uno de los cantantes, pero McFly derrocha
talento, y como dice el dicho: donde hay talento...
-
Guau- les dice, mirándoles desde abajo.- Y yo que pensaba que después de “My TVR” lo había escuchado todo.
Los
chicos se ríen y Danny aprovecha para descolgarse la guitarra y bajar de un
salto junto a su novia, dejando a los otros tres arriba. Le gustaría un poco de
privacidad, pero sabe que después de haberles pedido ayuda para la pedida, no
se va a librar de tenerles allí para ver si Ariel dice “sí” o “no”.
-
¿Te ha gustado?- pregunta retorciendo las manos nervioso. De pronto las tiene
heladas por culpa de la ansiedad, y no puede dejar de sonreír y pasarse la
lengua por los labios.
-
Mucho. Si la incluís en la gira, las fans van a enloquecer.
-
Ya, bueno, todo se andará- dice, echando mano a la cajita de terciopelo, la
cuál saca del bolsillo y la abre frente a los ojos de su sirenita.- ¿Qué me
dices?
Y
Ariel se colapsa.
-
¿Quieres casarte conmigo?
Danny
sonríe sin poder evitarlo mientras la mano que sujeta la caja con el anillo
tiembla casi descontroladamente, y ve cómo su novia se lleva ambas suyas a la
boca y la tapa con sorpresa, soltando un “OH
DIOS MIO”. En tan solo un par de segundos, Ariel dirige sus ojos verdes a
los tres chicos que hay subidos al escenario y los vuelve a dirigir a su novio
y al anillo que sostiene entre sus dedos.
-
OH, DIOS MÍO- repite. No es capaz de decir otra cosa ni de procesar todo eso.
-
¿No te gusta?- pregunta un Danny con la moral minada, retirando un poco el
anillo.
-
No, no...
-
¿Le cambio?
-
Que no, que el anillo es precioso. Oh Dios mío. Pensaba que me habías traído
aquí para cortar conmigo.
A
Tom se le cae el ukelele y el palito de lluvia rueda por el escenario tras
desaparecer de las manos de Dougie.
-
¿Qué te qué?- inquiere un Danny confuso.
-
Que me ibas a dejar- se ríe. Y resulta que acaba de pedirle matrimonio...- Quiero
decir... Tanto secretismo, y estos días estabas muy raro...
-
¿Habría sido mejor que te hubiera dicho “Ari, cenamos fuera, que te voy a pedir
matrimonio”?- chista. A veces no entiende cómo funciona el cerebro de su chica.
-
No te cachondees que te digo que no-le amenaza ella. Tom, Harry y Dougie les
miran atónitos porque están presenciando la pedida de mano más surrealista de
la historia, y esperan que digan algo en claro.
-
¿Me vas a decir que no?-pregunta Danny, mostrándole de nuevo el anillo como si
así la fuese a convencer.
-
¿Puedes repetirme la pregunta?
Ariel
se ríe estrambóticamente y Danny rechista, pero lo hace. Se la repite sólo
porque es ella y porque por ella haría eso y mil cosas más.
-
¿Quieres casarte conmigo, pesada?
-
¿Qué pesada ni qué niño muerto?- Danny se gana un pellizco del brazo pero luego
ella sonríe, sonríe tanto que parece que se va a morir de felicidad, y lo
dice.- Sí, quiero.
Y
así es como salta la tercera chispa. Con Danny Jones prometido con la mujer de
su vida, poniendo el arito de plata en su dedo anular y abrazando a su futura
esposa y besándola apasionadamente como si estuvieran solos en todo el pub.
La
tercera chispa ya ha saltado. Falta sólo una cuarta para que el fuego comience
a arder.
Jolin, en serio, Danny tiene que ser tan jodidamente especial para todo en su vida? yo te juro que pasa algo asi en la vida real y me puedo morir del amor que le puedo procesar a este hombre... Y ahora que es cierto, esta comprometido, la verdad es que me muero de ganas por saber como lo hizo...
ResponderEliminarpero sabes que? prefiero quedarme con la intriga y que en mi cabeza sea algo parecido a esto, no sea que luego me decepcione. jejeje.