miércoles, 9 de octubre de 2013

5- Sobre cómo el McFly 2.0 obtuvo como batería una mocosa pelirroja.

Cuando dos de los cuatro integrantes de McFly ya habían contraído matrimonio, las Galaxy Defenders empezaron a temer lo inevitable: que sus ídolos empezaran a formar una familia. Ellas habrían sido felices si hubieran confesado su amor entre ellos y habrían aceptado gustosas la confesión de una vida juntos unos con otros en una orgía constante, sin embargo era demasiado bonito para ser real, pensaban.

Pero el miedo estaba ahí. La verdad era que la gran mayoría de ellas tenían sentimientos encontrados. Por un lado, deseaban con toda su alma ver a Tom convertido en el primer daddy de la familia, y sus mentes divagaban por mundos en los que Fletcher le cantaba “Moon River” a su hijo, endulzada la nana con la voz de Giovanna, y terminaban encharcadas en un mar de lágrimas porque la estampa era preciosa. O imaginándose al gran Harry Judd perdiendo toda la dignidad haciéndole carantoñas a su primer retoño. Y esa imagen les seducía, les gustaba y les parecía algo realmente adorable, pero en la otra cara de la moneda estaba el grupo, el futuro de McFly. ¿Qué pasaría con la banda cuando sus vidas se llenaran de hijos? ¿Cómo sacarían tiempo para todo? ¿De qué tendrían que prescindir? Muchas de ellas estaban convencidas de que el sacrificado sería el grupo. Sabían, estaban plenamente convencidas de que cuando Tom cantaba dejándose las cuerdas vocales ese “Cause McFly’s here forever”, lo cantaba sintiéndolo en lo más profundo de su bondadoso corazón, pero siempre estaba ese “¿y si...?”. ¿Y si se daban cuenta, cuando empezaran a tener hijos, de que no podían con todo? Una temporada sabática, un par de años sin giras, sin CD’s, hasta que los niños estuvieran criados. Ese era su miedo.

Si bien siempre había habido gran revuelo y diferencias de opiniones, no iban a tardar en descubrir si la continuidad del grupo peligraba ante la llegada de nuevos y nuevas GD’s a la familia.

El primero en visitar al ginecólogo no fue Tom, como todo el mundo esperaba. Había sido el primero en casarse, y era, de lejos, el más maduro de todos (ignorando esas ocasiones en que su vena Disney le ganaba), por eso, casi todo el fandom habría dado un brazo por asegurar que el primer McBaby tendría su sangre. Pero se equivocaban.

Fue Harry quién se llevó la palma.

Todo el mundo tenía su atención centrada en esos kilos de más que parecía haber cogido Giovanna algo más de un año después de la boda, y por eso la atención sobre Izzy, que nunca había sido muy amplia, había decrecido un poco más. De cualquier manera, la sorpresa fue mayúscula.

Harry se levanta tarde ese día. Es veintipico de agosto de 2015 y, gracias a Dios, está de vacaciones. Hace un par de días que han terminado los conciertos de la época estival, esos que consisten en un par de festivales en hipódromos o en varios descampados de toda Inglaterra y alguna que otra incursión en Brasil, y está disfrutando de las horas de sueño de las que ha carecido desde principios de junio.
Se levanta tarde. Simplemente abre un ojo y ve que la cama está vacía y fría y que el reloj de la mesilla de su mujer indica que son las doce menos diez de la tarde, la hora de comer prácticamente, y bien sabe el cielo que Judd no se levantaría si no fuera porque tiene un hambre voraz. Ni siquiera se ducha.

Sale de la cama, busca a Izzy (para ver si con un poco de suerte, ésta ya está preparando la comida), y se encuentra la casa vacía.

- Joder...- se queja.- Me va a tocar a mí...

Arrastra sus pies por la moqueta cuando la puerta de entrada chirría al abrirse con la llegada de su mujer, y su rostro se ilumina. Lo que no sabe él es que se le va a iluminar todavía más.
La ve aparecer poco después en la cocina. Se encuentra sentado en una de las butacas que hay junto a la encimera, y en primera instancia no se fija en el enorme y marrón sobre que pende de la mano de su mujer, ni de la sonrisa espléndida que decora su rostro.

- ¿Te acabas de levantar?- pregunta ella, viendo su pelo revuelto, y le besa en los labios, conteniendo la buena nueva.
- Que va... Llevo toda la mañana haciendo cosas...
- Ya, en la cama, ¿no?
- Soñar es importante para el ser humano- parafrasea.- Y comer también. Estoy famélico, mira. Mira mis músculos, están desinflados.
- Te toca cocinar a ti- le recuerda ella, tamborileando con los dedos sobre la encimera y observando el puchero de su marido.- ¿Estás bien despierto?
- Vale, sí, me acabo de levantar- admite, poniendo otra vez esa cara de cachorrito para que no se enfade mucho con él.- Es que tenía mucho sueño.
- No es por eso...

Y Harry ve algo. Es un hombre observador, pero se acaba de levantar y simplemente se ha lavado la cara (y sigue estando insoportablemente guapo), por lo que su mente aún no trabaja a pleno rendimiento. Pero lo ve. Porque Izzy sonríe con una luz distinta. No sabría explicarlo, pero lo ve.

- ¿Qué pasa?- inquiere ya preocupado, aunque una sonrisa no tiene por qué significar nada malo, ¿no?
- ¿Seguro que estás despierto?
- Que sí, sí. ¡¿Qué pasa?!

E Izzy posa el sobre la encimera. Y Harry piensa que es el hombre más tonto del mundo porque, ni siquiera cuando ha abierto ese sobre, y observado las ecografías, ni siquiera entonces, es capaz de entender que va a ser padre. Que va a ser padre por primera vez.

- ¿Esto qué es?- pregunta. En el fondo lo sabe, pero está en shock.
- El ticket de la panadería, Haz. ¿A ti qué te parece?

Y su mujer vuelve a sonreír de esa manera. Ese brillo en sus ojos de gata. Y todo el sueño desaparece de la cabeza de Judd. El primer McBaby está en camino. Y él empieza a llorar de alegría.

*     *    *

Decírselo a los chicos fue una ardua tarea. Estaban todos de vacaciones y no quería comunicárselo por teléfono, por lo que tuvo que esperar más de dos semanas para poder reunirlos a todos en el salón de su casa para darles la noticia. Para ese entonces ya estaban en septiembre, y las únicas personas que sabían del estado de Izzy era la familia directa, padres, abuelos y hermanos.

Reunió a Tom, Danny y Dougie en su salón y les sirvió algo de beber, sin alcohol para todos ellos.

- A mi sin no me gusta- se quejó Jones refiriéndose a su cerveza.
- Pues te jodes- le espetó, sentándose a su lado y dejando que todos le miraran un par de segundos. Cómo le gustaba la atención...
- Bueno, ¿qué? ¿Te miramos un poco más o nos lo cuentas ya?- inquirió Dougie.- Tengo cosas más interesantes que hacer que mirarte.
- Lo dudo mucho- se jactó él, y se frotó las manos con nerviosismo.- Bueno, Doug, esto igual tú no deberías escucharlo hasta los dieciocho años, pero...
- Ja ja. ¿Por qué no te meterías a cómico en vez de a batería? – ironizó el rubio, lanzándole un cojín a la cabeza.
- Bueno, ya sabéis lo que pasa cuando mamá y papá se quieren mucho- Harry se aguantó una risa, y Tom y Danny se miraron como si les estuvieran contando un cuento chino.- Y cuando se quieren mucho, mucho entre las sábanas, ¿qué pasa...?
- ¡Que les salen bolas!- saltó Danny, alzando el brazo como si estuvieran en parvulitos.- Eso es porque las compras en el Tescos, si fueran de Ikea como las mías...
- ¡Qué bolas ni qué bolas! ¡No son bolas!- suspiró.- A ver, cuando papá y mamá juegan a los médicos por la noche...
- Pero si el médico de cabecera cierra a las dos de la tarde...- añadió Tom, mirando su reloj sin entender ni jota.
- ¡Que no es en un sentido tan literal, joder!- le pegó un trago a su bebida y les miró a los tres a la cara. ¿Cómo podía ser que fueran tan tontos? – A ver. El truco de la semillita, como cuando estábamos en el cole, ¿os acordáis?
- Yo no.- interrumpe Danny.- No iba.
- La profe nos daba una semilla y teníamos que meterla en un yogur con un trozo de algodón...
- ¡No me digas que has plantado un manzano!- exclamó Dougie saltando del asiento.

Y Harry dijo “basta”.

- ¡QUE VOY A SER PADRE, COÑO!

Y los tres se quedaron sin habla durante un par de segundos, cruzando miradas desconcertadas, boqueando como besugos, y mirando a Harry como si les hubiera dicho que se iba a la Luna. Pero un minuto después, reaccionaron. En verdad reaccionó Tom, que bordeó la mesa del té y se tiró contra su batería a darle un abrazo de oso al tiempo que gritaba “¡TE ME HAS ADELANTADO!”. Luego llegaron Danny y Dougie, algo menos efusivos pero igual de desconcertados y felices. Harry iba a ser padre. Padre. De un bebé. De un bebé que se parecería a él y que podría continuar la estirpe de su padre y convertirse en un gran batería... Era emocionante con sólo pensarlo.
Le felicitaron, le frieron a bromas sobre que se olvidara de dormir hasta que su retoño estuviera en la Universidad o se independizara, chinchándole con los miles de pañales que tendría que cambiar, etcétera, etcétera, etcétera. Y cuando se calmaron un poco, sentados de nuevo en los sillones, con la alegría de la noticia aún corriendo por sus venas, Danny añadió:

- Oye, pero yo no he entendido lo del yogur. ¿El algodón para qué sirve?

Y todos se echaron a reír.

*     *     *

Las cincuenta y dos semanas de embarazo habían sido modélicas, no había habido ni un solo sobresalto, y la gestación había transcurrido de un modo perfectamente normal. Y Harry estaba feliz, de hecho, daba palmas con las orejas. No había habido sustos, ni había temido en ningún momento por la vida de su mujer o su hijo. Y digo hijo, porque él estaba tan, pero tan convencido de que el bebé que venía sería un niño, que ya había decorado toda su habitación con motivos masculinos. No era como si le hubiera comprado la indumentaria del Arsenal, aunque eso si lo había hecho, o le hubiera pintado las paredes de azul y llenado las estanterías de coderas, rodilleras y tanques en lugar de Barbies, muñecas o gomas para el pelo, pero tenía edificados en su cabeza los primeros treinta años de su hijo pensando en él como un chico.
Habría sido más fácil si no se hubiera negado a preguntarle al ginecólogo el sexo de su hijo, pero su cabezonería propia de capricornio le aseguraba que el bulto que tenía su mujer en el vientre, iba a ser un nuevo batería. Alguien a quien poder enseñarle todo lo que él había ido aprendiendo a lo largo de su vida.

Cual fue su sorpresa en el paritorio del Hospital Central de Londres cuando, nueve meses después, un cinco de mayo de 2016, una niñita pelirroja, llorica y ensangrentada, salía del vientre de su madre entre expectación e ilusión a raudales.

Una niña. Niña. No niño.

Harry agarra la mano de su mujer con fuerza, con tanta que parece que quien está a punto de dar a luz es él en vez de ella, y aprieta los dientes por solidarizarse con la pobre Izzy, que suda la gota gorda despatarrada delante del ginecólogo para traer al mundo a su primer hijo. Sin epidural, sin cesárea, sin nada. Y duele, Dios santo, bien lo sabe ella que duele.

- ¡Empuja!- le apremia Harry. No se da cuenta, pero está exigiendo tonterías.
- ¡¿Qué te crees que estoy haciendo?!- le grita su mujer.

Y Harry decide que él mejor se dedica a besarle la frente y secarle el sudor de ésta y mantener la boca cerradita. Algo menos de media hora después, tras muchos gritos, alguna que otra lágrima y dolor de la madre, la niña llora. Llora básicamente porque acaban de darle un bofetón en el culo, pero llora, que es lo importante, y desaparece de la vista de sus padres un instante después, en volandas en los brazos de la comadrona.

Izzy inspira profundamente y mientras las matronas hacen su trabajo allí abajo para coser y limpiar lo que tengan que coser y limpiar, Harry la mira y ella le mira a él. Y se echa a reír.

- ¡Pero no llores!

Está llorando como un chiquillo que se acaba de torcer un pie jugando al fútbol. Las comisuras de sus labios caen hacia los lados y su cara tiene un aspecto un poco absurdo, pero las lágrimas caen imparables de sus ojos, mejillas abajo, hasta morir en el suelo. Agacha un tanto la cabeza y besa a su mujer, y la besa y la besa y la vuelve a besar, porque le ha hecho el mejor regalo del mundo.

Minutos después, una enfermera vuelve con la niña en brazos, cubierto su cuerpecillo por una mantita blanca y con su muñeca marcada con una pequeña pulsera en la que se indica sus datos más básicos. Porta una sonrisa en su rostro, la enfermera, la niña sólo boquea y abre y cierra los dedos de las manos y los pies.
Izzy improvisa una cunita con sus brazos, tratando de hacerla lo más confortable posible para su primera hija y mira los párpados cerrados de su niña, deseando que porte el azul eléctrico de su marido, que consiguió enamorarle hace años y que le sigue enamorando cada día, aunque sabe que para ello tendrán que esperar un par de meses. Los ojos son lo único que no cambia de tamaño en el proceso de crecimiento, no así el color, que puede variar por la exposición al sol o la alimentación hasta adoptar el color que portará para el resto de su vida.

Harry contempla las mejillas rechonchas y llenas de venas violáceas de su hija, mirando lo pequeña, vulnerable y frágil que es y lo patán que se siente a su lado. Su pequeña y algo respingona nariz, las enanas uñas que cubren sus deditos casi sin falanges diferenciadas y el modo en que boquea en un intento de seguir succionando líquido amniótico grabándosele en la memoria como uno de los momentos más únicos, mágicos e irrepetibles de su vida.
Extiende una de sus manos, medio apoyado en la camilla de Izzy y la acerca a la cabeza peluda y pelirroja de su hija, acariciando sus cachetes con cuidado de no rozarle el cráneo hasta que éste termine de cerrarse, y resigue la línea de sus poco definidos hombros hasta llegar a su mano izquierda. No le da tiempo a apartarla y seguir con el reconocimiento, cuando su hija cierra con una fuerza sólo propia de recién nacidos sus deditos en torno al gran dedo de su padre.

El silencio que reina en el paritorio es testigo privilegiado del momento, de cómo el fucking drummer, el bailarín y batería de aquél grupo que empezó cantándole a una chica con cinco colores en el pelo, siente que un fuego cósmico y universal coloniza todo su cuerpo con su dedo índice como epicentro del fenómeno y sus ojos le sonríen a su mujer sin necesidad de decir una sola palabra. Hay momentos que se explican por sí solos y este es uno de ellos.

*    *    *

Izzy es trasladada a planta algo más de una hora después, tras pasar los reconocimientos y medidas necesarias para poder salir del paritorio, y aún con su hija en brazos, se levanta por su propio pie de la silla de ruedas que la enfermera ha ido arrastrando hasta el dormitorio porque su marido sólo puede agarrar su mano derecha con la suya izquierda al tiempo que le berrea a su madre a través del teléfono móvil que qué hace que no está allí con ellos ya. Izzy sonríe, parece como si su marido ya tuviera miedo de que a su hija fuera a venirle la regla y apenas si tiene una hora de vida.

- Haz – le llama, una vez recostada en la cama de su habitación individual.- Tenemos que inscribirla.
- Ya, tranquila, yo me encargo. Mi hija no puede ir por la vida sin carné de socia del Arsenal. No te preoc...
- ¡En el registro civil!- suspira, manteniendo un tono de voz bajo y relajado para no despertar a la niña, que ya duerme a pierna suelta y acaricia sus antebrazos como si fuera lo más delicado del mundo, porque la verdad es que lo es.
- Ah, claro, claro, también. Mañana iré con mi hermana, que ella ya tiene experiencia.
- Bien... Sólo una pequeña pregunta... ¿Cómo la vamos a llamar?

Harry retira la mirada de su hija para posarla sobre su mujer. ¿Cómo puede ser posible que no tengan nombre para la niña?

- ¿Es que no hemos tenido tiempo para pensar ninguno?
- Claro que sí. Lo que pasa es que no me decido entre Christopher, David y Jackson, ¿sabes? Creo que no van a... reflejar fielmente su personalidad, ¡porque resulta que es una niña y no un niño!
- ¿Eso es ironía?- pregunta él, aunque la respuesta sea obvia, y beso a su mujer en la frente.- Yo había pensado en llamarla Emma.
- ¿Cómo a tu madre?
- Hay miles de Emmas por el mundo, Izzy.
- Una de ellas, tu madre- Harry asiente. En verdad no sabe si lo ha escogido por su madre o no, simplemente, le parece un nombre bonito, elegante y moderno. Y recordemos que Hermione se llamaba Emma en realidad. Motivo suficiente.- Está bien- acepta Izzy.- Me gusta, suena elegante y austero.
- ¿Austero? No es para nada austero. Es... moderno.
- Y austero.

Izzy se ríe, aunque débilmente ya que la medicación para sobrellevar los dolores del parto está empezando a hacer efecto.
La puerta del dormitorio se abre tras un par de golpecitos suaves en la superficie de madera y por ella aparece el flequillo rubio de un Tom Fletcher que, aunque Harry no lo vea, guarda a su espalda un enorme ramo de flores y una ristra de globos digna de un parque temático.

- ¿Se puede?- pregunta, con la sonrisa incluso en sus ojos marrones.
- No, tío, no. No puede ser que vea tu geto antes que a mi madre en un día como este- se queja Judd de broma.- ¿Es que no me voy a librar de ti en la vida?
- Eso es un sí- sonríe Tom, abriendo la puerta y entrando los globos, con los que tiene que pelearse en el marco y mostrándole a Izzy el enormísimo ramo, lo que la hace sonreír espléndidamente.

La pareja Fletcher se adentra en el dormitorio y la recién estrenada madre se pone un dedo sobre los labios para indicar silencio ya que el retoño está durmiendo, aunque eso no impide que tanto Gio como él se acerquen al niño cual amenaza propia de una película de dibujos animados y empiecen a decir moñadas sobre el bebé.

- Tiene toda tu cara, Izzy- dice una Gio emocionada.
- Y menos mal, porque si se llega a parecer al padre...- bromea Tom.- ¿Cómo le vais a llamar?
- Hemos decidido que Emma.- informa la madre.

Un “disculpa, ¿qué?” se dibuja en la cara del cantante, que se incorpora para mirar a su batería a los ojos.

- Es nombre de chica...
- Es que es chica...

Y lo dice.

- Disculpa, ¿qué?

Tom tenía una idea estricta sobre el embarazo de Izzy. El retoño, naciera cuando naciera, tenía que ser niño. Tenía que ser niño porque Harry no dejaba de presumir del campeón que iba a tener como hijo, y de las ganas que tenía de empezar a comprarle ya kits de baterías y toda esa parafernalia para que fuera el mejor batería del mundo. Pero el hecho imprescindible es que tenía que ser niño, no niña. Con la certeza de que lo que Izzy esperaba era un niño, la ágil, imaginativa e impaciente mente de Fletcher había empezado a especular con un McFly 2.0, una nueva versión del grupo pero con sus hijos como integrantes en los que verter todos sus conocimientos musicales y poder continuar la estirpe musical de Marty McFly por el mundo. Y ahora que mira bien a la niña de Judd, por muy bonita que sea (por que lo es, es preciosa), todas sus ilusiones se van al traste.

- ¿Cómo que niña?- inquiere como si fuera de la familia directa y le hubieran informado de una negligencia médica.- ¡Nos dijiste que sería niño!
- ¿Qué más dará lo que sea siempre y cuando esté sana?- inquiere Gio sin entender el enfado de su marido.
- ¡No da igual!
- Oye, ¿podéis hablar en voz baja? Se está durmiendo la niña...- pide Izzy, aunque en realidad la que se está durmiendo es ella.
- Claro, Izzy, disculpa.

Tom mira a su batería indicándole que salga de la habitación (para echarle la bronca por algo que el pobre Harry no podía siquiera controlar) y Judd se niega, cogiendo a su hija del regazo de una dormida Izzy y sentándose en la butaca que hay junto a la cama para sostener a la niña no sin miedo. Le da pavor que se le caiga y se le golpee contra el suelo y salga igual de tonta que Danny.
Un segundo después, Fletcher ya está con el Iphone en la mano haciéndole cientos de fotos a Harry con su hija porque se acaba de dar cuenta de que es lo más bonito que ha visto en su vida, después de su hermana interpretando a Eponine en Les Mis, claro está.

- Puede ser una batería chica- sugiere el padre, haciéndole monerías al bebé aunque esté dormido.
- Entonces no tomarán al grupo en serio- se queja acercándose a ellos y acariciándole el moflete con el dedo índice.
- ¡No seas machista!- se queja Gio a su vez.- Una chica es tan válida como un chico.
- Eso díselo a los productores... Aunque teniéndonos a nosotros no los van a necesitar, claro está. Pero no veo a una niña detrás de los platillos. Y mucho menos yéndose de gira con los futuros e improbables hijos de Dougie y Danny. Dios sabe las burradas que harían...
- Dios, Tom, mi hija tiene dos horas, ¿y ya la estás emparejando con el hijo no-nato y no concebido de Dougie?
- En realidad estaba pensando en el de Danny. Como salga como el padre...
- Saldrá peor, pero Ariel tiene dos dedos de frente.
- ¿Queréis dejar de meteros con vuestros amigos?- les riñe una Gio a la que en el fondo toda esa situación le hace gracia.- Enhorabuena, Harry. Es preciosa.

Harry asiente, diciendo que es normal que lo sea ya que ha salido al padre y la habitación se sume durante unos segundos en silencio, dejando que el padre repose un poco tras toda esa emoción y Tom les tome más fotos aunque ni siquiera se han movido de postura. Tres minutos después, esa niña lleva más fotos que McFly en toda su carrera.

Y hablando de McFly, la puerta se abre con estrépito y por ella aparece un sonriente Danny vociferando que...

- ¡¿DÓNDE ESTÁ MI SOBRINO?!

Y un Dougie gritando a su vez un...

- ¡NO SE PARECERÁ AL PADRE NO!

Que hacen que la niña se despierte y empiece a llorar a pleno pulmón.

La puerta se cierra y ellos permanecen en la habitación, contemplando el lío que han ocasionado a su llegada mientras la niña llora y llora, y Harry la mece sin saber y le toma las manitas con la suya y le chista melosamente mientras mira con odio a Danny y el pánico empieza a hacer mella en él porque no deja de llorar.

- ¡Dios, ¿dónde se apaga esto?!- exclama en plena crisis.
- Trae, déjamela- le pide Gio, tomándola en sus brazos con cuidado.- Tienes que tranquilizarte y transmitirle calma. Los niños son muy sensitivos a las emociones de los padres. Si te notan nervioso, se pondrán nerviosos también.

Sea como sea, en los brazos de Gio, Emma deja de llorar. Los cuatro integrantes de McFly la miran como si fuera un hada madrina y acabara de hacer magia y poco les falta para llenar el suelo de babas y escurrirse con ella.

- WOW- musita un Dougie estupefacto.
- ¡Tú!- le grita Harry a Danny en voz bajita apuntándole con un dedo y acercándose amenazadoramente a él.- ¡Has hecho llorar a mi hija y tiene dos horas!
- ¡Ha sido sin querer!- se excusa, escondiéndose detrás de Tom- Espera, ¿cómo que hija?
- ¿No jodas que ha sido niña?- inquiere Dougie acercándose a Gio y levantándole a la niña la mantita que le cubre buscando la evidencia.
- ¡Eh, las manos quietas!- Harry le pega un manotazo y deja que Gio siga sosteniendo a Emma por miedo a despertarla.- Ha sido niña, se llama Emma.
- Vaya, yo pensaba que sería niño, como no dejabas de repetirlo... No sirves ni para follar- se burla el pecoso, ganándose una colleja.
- Tu gozo en un pozo, Tom- añade Dougie, consciente de los planes de futuro que Fletcher tenía para sus hijos.
- Harry ha decidido que aunque sea chica puede ser batería también...
- ¿Sabéis lo que podríais hacer? Darle la enhorabuena y dejar que la niña escoja lo que quiera ser cuando esté en edad de tomar decisiones- musita Gio en voz baja mirando con enojo a los cuatro “hombres” que tiene delante.

Harry recibe las felicitaciones y un par de minutos después, la habitación empieza a llenarse de gente. Sus padres, sus hermanos, cuñados y sobrinos, todos expectantes por ver al niño que resultó ser una niña pelirroja de nombre Emma y que llegaba al mundo con una batería bajo el brazo en lugar de un pan. A fin de cuentas, como dice el dicho, en casa del herrero...

1 comentario:

  1. JOOOLIIIIINNNN Bueno bueno, que poco te ha faltado para que dieras en el clavo con la vida real jajaja pero que cosa tan monaaaaaa!! Imaginate, una niña pelirroja de ojos azules tocando su primera bateria de plastico con tres añitos diciendo "como papi!" Oh dios, me he auto-matado hahahaha Espero que algun dia lleguemos a eso...:)

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